El primer Emperador

Aletz (Montreal)

Sostenemos una cuerda y cada año debemos acortar la distancia que separa nuestras manos. Esa distancia es el tiempo que tenemos de vida. Si a la cuerda le prenden fuego, nos la roban, la cortan, morimos, con las manos abiertas. Si la conservamos, cada año debemos acortar distancias. La lógica es simple e implacable, newtoniana.

Cumplí treinta y tres años el domingo pasado, y ya no quise ver la cuerda, pero la cuerda está ahí, así que dije, está bien, pero desde otra perspectiva. Por ejemplo, una perspectiva oriental.

“Vamos a la exposición de los chinos,” le pedí a Deni. Y ella, porque no quería verme triste, accedió. Aunque con una condición. Iríamos el miércoles, después de las seis de la tarde, porque es el horario de descuento.

El Musée des Beaux Arts de Montreal exhibe parte de la tumba del primer Emperador Ying Zheng (259-210 AC). Los diversos reinos que se debatieron el poder durante el periodo de la Primavera y el Otoño, cayeron uno a uno bajo su mandato. Ying Zheng supo dividir, aliarse y, sobre todo, traicionar. De su época data el famoso libro, El Arte de la Guerra de Sun Tzu. Cuando se le acabó la cuerda de la vida, el primer Emperador aplaudió con las dos manos y entonces un nuevo mundo empezó a girar. Un mundo bajo tierra.

La ciudad que engloba la tumba del Emperador se extiende a lo menos dos kilómetros. La formación del ejército ocupa apenas una décima parte del terreno, pero es la que más ha acaparado la atención del público, quizá debido a la fama belicosa del propio Emperador. Sin embargo, son solo una parte de este mundo subterráneo. La expresión adusta de quienes se disponen a entrar en batalla se aligera con las miradas obsequiosas de los burócratas, que visten grandes túnicas de invierno, y se tuerce con las risas de los saltimbanquis que caminan sobre una cuerda imaginaria. Hay animales domésticos, salvajes y ganado. También hay atletas, músicos, artesanos. Faltan solamente las mujeres. Mujeres no hay. A lo menos no llegaron a Montreal. ¿Dónde están las mujeres del Emperador? ¿Las han desenterrado? ¿Siguen buscándolas?

La tumba donde reposa el cuerpo del Emperador se encuentra bajo un cúmulo de tierra que forma, del otro lado, del nuestro, un monte. La cámara es rectangular. Una superficie rugosa simula una orografía accidentada y entre sus pliegues corren ríos de mercurio.

En la ciudad subterránea la muerte ordena las filas del ejército real, ata con un arabesco los cabellos de los oficiales, alimenta los puercos con polvo y dibuja con un dedo de terracota la espiral del cisne sobre el lago, hace refunfuñar a los oficiales mayores y le saca un bizco a los saltimbanquis. La muerte exhala su hálito de grandeza en la recámara del Emperador haciendo oscilar el mercurio.

Al salir con Deni de la exposición del Beaux Arts, caminamos en silencio hasta la parada de autobuses. Mientras esperamos, me doy cuenta que yo no quiero una muerte así, como la de Ying Zheng. De hecho, yo no quiero muerte alguna, toco madera, pero cuando llegue, en el momento ineludible en el que deba soltar la cuerda, preferiría que alguien me tomara de la mano y caminara conmigo hasta la parada de autobuses y esperara bajo la lluvia recargando su cabeza sobre mi hombro, que entrara conmigo a casa, y una vez adentro, se sentara en la mesa de la cocina y me preguntara:

“¿Cerveza?”

Que tomara dos y empezara a hablarme de los chinos, de la historia, del arte. Me gustaría una muerte parecida a mi vida, lo cual, viéndolo bien, me hace sentir bastante contento.

“¿Ya se te pasó la depresión cumpleañera?,” me pregunta Deni, cuando nos sentamos en la parte trasera del autobús.

“Pasó.”

¡Vengan esos treinta y tres años!

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Montreal. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s