Mi ciudad fantasma

Elis (Sheffield)
Aunque intento interesarme en otros temas, cuando comienzo a escribir vuelvo al mismo lugar, la muerte de mi madre. Evito pasar por ahí, doy vueltas, me alejo, me pierdo, pero inevitablemente regreso de nuevo a mi ciudad fantasma. Hoy el miedo no es menos, pero estoy cansada. Ya nada me interesa, mi escritura está vacía, la acompaño a donde me lleva y me someto a su voluntad. La sigo entre callecitas y casitas en ruinas y recuerdo.

La muerte de mi madre fue larga, triste, extraña, dolorosa, ruin, injusta, sucia, rara, linda, dulce, valiente, ruidosa, cansada… pesada. Su muerte olía a bebé, a orines, medicinas, papillas, plásticos, mierda, flores y yodo. Su muerte fue blanca, muy blanca.

Recorro las callecitas y casitas en ruinas y en cada ventana se ve un hospital, un doctor, una cama, amigos. A lo lejos se oyen boleros como en susurros -farolito que alumbras apenas mi calle desierta ¿cuántas veces me has visto llorando llamar a su puerta- más cerca un Chatali interminable que taladra, me enloquece -chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali, chatali- lo repite por horas, bajito, fuerte, se cansa toma aire, lo grita, lo renueva, no para, pasan noches y pasan días y de pronto se olvida y ya no habla. Tal vez mañana empieze de nuevo o tal vez platique del hijo que no tengo, o del señor que la viene a visitar.

La ciudad es grande, tiene muchos recovecos olorosos, ruidosos y me duele caminarla. Un párrafo y el sólo intento de dejarme ir me cansa y drena. Hoy no puedo más, pensé que sería más fácil, que escribiría sin tregua, pero los caminos son pedregosos y empinados, no tengo zapatos y lloro y lloro y los ojos se me hinchan y las manos se distraen, la ciudad se esfuma y la escritura cesa como para darme fuerzas y volver a empezar, pero por hoy es suficiente, hoy no quiero más.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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3 respuestas a Mi ciudad fantasma

  1. Aletz dijo:

    Éntrale, éntrale, éntrale…. a la ciudad fantasma!

  2. Drupy dijo:

    No deberías llorar por tu madre, ella seguramente esta bien, deberías llorar porque no sabes escribir! si quieres escribir sobre la muerte de tu madre me parece muy bien, pero en su memoria un poquito de esfuerzo no seria malo.

  3. Mariana dijo:

    Elisa, creo que en tu ciudad fantasma vive un troll..(o un fan).

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