Autoafirmación global

Harold (Bogotá)

Supongo que desde que escribo aquí quería decir algo sobre el fenómeno en el que nuestras vidas fueron adentrándose de a poco y que ahora es simplemente una realidad insoslayable, así mismo pienso que debí iniciar con este texto, pues mi reticencia a participar en la internet me posiciona como un ser contradictorio, que se queja de un medio y se sirve de él.

Ya nadie, por más eremita que pueda parecer puede desasirse de la red, ese antiquísimo hilo de pescar del que también se desprenden palabras como enredar. La imagen es sugestiva pues uno se ve abocado a pensar en cientos de peces convulsos entre los intersticios de los hilos, luchando por no perecer enredados. Pero la internet no es, en principio, esa enredadera asfixiante que tiende a la deshumanización. Mucha razón tenía Asimov en pensar en la multiplicidad de posibilidades que otorga un acceso total al conocimiento acumulado y la calidad del aprendizaje que se puede desprender de tal herramienta. En efecto, millones de lugares a lo largo de la red permiten que pensamientos, opiniones e ideas de la más variada índole lleguen también a millones de lugares y de caracteres; libertad de expresión que llaman por ahí, claro, con todas sus subrepticias imposiciones. Y Asimov, como toda la ciencia ficción, siempre piensan en las posibilidades, dejan a cada instante la pregunta del por qué no, y le dicen a los hombres que este es un estado de la realidad, pero que también es un principio de posibilidad que no sólo es entretenido sino viable. El sentido de la posibilidad es mucho más rico que la realidad, porque la realidad es muy decepcionante. Y es por ello precisamente que la anticipación tecnológica de esas posibilidades se ve degradada por una sociedad infecta. Ya no es ciencia ficción que haya adelantos otrora inimaginables, ya se llegó a la luna, o eso dicen, ya existen aeroplanos que superan la velocidad del sonido, comunicaciones móviles vías satélite y, entre muchas otras cosas, un red de computadores que une todo el globo. Todo es inmediatamente posible y verosímil, incluso todas esas cosas que vemos en las películas y de las cuales nos reímos, autos que vuelan, viajes en el tiempo, etc, que por el momento sólo existen como posibilidad nos dan un atisbo de lo que podría ser el futuro. Sin embargo, todo el optimismo que encarnan las palabras de Asimov se desbarata, digo yo, cuando uno piensa que lo verdaderamente improbable o inverosímil es el ser humano que Asimov parece idealizar como fruto, participe y consumidor de esas bondades tecnológicas. No se imaginó Asimov que así como todo el mundo podría tener acceso al conocimiento libre y a una forma de potenciar sus saberes, así mismo la mediocridad y vacío, la degradación e inconsciencia también se harían globales.

La era del espectáculo, digo yo, no ofrece mucho más que apariencias, y la red otorga a los ciudadanos de todo el mundo la libertad de volverse ellos mismo espectáculo, pero por supuesto, esto no es más que una necesidad de autoafirmación que lleva al grito. Las redes sociales, que se conciben como la continuación de un ambiente virtual de amistad y de relaciones, se deforma en un aparato para contarle al mundo que uno existe, nada malo con eso, pero en ocasiones es insufrible que esa demostración de existencia se busque rompiendo el espacio de intimidad que representan cierto tipo de relaciones. Las relaciones se subastan igual que las ideas, y todo se hace en pro de un like o un comment, los espacios privados se vulneran voluntariamente sólo para mostrar que existen, cosa que inmediatamente se convierte en un barullo. Es como si antes de que esto existiera la gente pasara por las calles gritando cómo se siente, qué le duele, etc., yo me imagino las redes sociales como miles de personas en una plaza con megáfonos diciendo que se aman o que están aburridos, todos con camisetas amarillas y naranjas. Pero ese es el estado actual de las cosas, me dirán, y sí, supongo que el que no le ha encontrado la vuelta a las nuevas formas de entender la sociedad soy yo, que pienso que lo que hay que decir en privado se dice en privado, y que lo público debería ser un poquitín más trascendente, pero, como siempre, quien soy yo para juzgar esas cosas.

Asimov estaría encantado de tener wikipedia, yo lo estoy, google scholar, y cientos de otros lugares que nos permiten ver y leer cosas que en otro tiempo serían imposibles, pero yo me pregunto qué pensaría de saber que todo ese conocimiento acumulado es por mucho menos valorado que los incontables videos de gatos que hacen alguna maroma. Lo verdaderamente inverosímil es el hombre, repito, que Asimov cree que valorará y accederá a una forma de aprendizaje superior gracias a la tecnología. Yo pienso que el ser que valora el conocimiento lo hace independientemente de las posibilidades tecnológicas; la voluntad no se encuentra ligada al acceso, sino que precisamente tener acceso a ciertos recursos potenciara esa voluntad que tienen algunos de aprender cosas nuevas sin importar su edad. Pero la sociedad está degradada, es un mundo al revés en el que prima el espectáculo fácil, en el que la estupidez y la mediocridad se recompensan demasiado; en la que en fin, no nos servimos de las nuevas tecnologías, sino que estamos al servicio de ellas, vivimos en función de ellas; la telepantalla de Orwell que a cada instante nos indica que debemos hacer, pensar y hasta sentir. Supongo que de a poco nos acercaremos a esos otros relatos de ciencia ficción tan preciados en los que la humanidad sucumbirá a su cosificación y al levantamiento de las máquinas, quién podría saber eso.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Autoafirmación global

  1. Drupy dijo:

    Usas este medio para quejarte, lamentarte y llorar. Deberías usarlo para escribir cosas que hagan querer salir a una calle, conocer un sitio nuevo o buscar un buen libro. De seguro eres de esos que se encierran en su cuarto aparentando ser un gran académico para evitar tener que salir al mundo. Me gustaría saber cuanto lamentarías no tener un computador o poder entrar en la Internet.

  2. Gloria dijo:

    Creo que Internet sin duda hace salir de nosotros ciertos comportamientos y reacciones que en otros contextos o reprimimos o desconocemos. También intensifica aquellos que siempre hemos tenido, ya sean dañinos o beneficiosos si es que se pueden solo definir así; es como un gran mercado lleno de colores, olores, sabores y dimensiones, un batiburrillo en el cual cada uno deja huella de lo que es cuando escoge, prueba y se asquea, disfruta…

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