El caniche blanco

 

Guille (Paris)

Desde que empezamos este blog, nunca había pensado ¿Qué voy a escribir hoy? La idea había sido siempre algo que venía antes y me llevaba a escribir. No es el caso hoy. Hoy me siento a escribir, sin tener una idea clara, sin tener nada preciso que decir, ni nada impreciso. Simplemente estaba desayunando y me dije “voy a escribir un poco” y ahora que estoy aquí me pregunto “¿Qué?”
No había pensado que en realidad tengo que escribir..algo.
Aquí podría terminar el post: “Según parece, hoy no tengo nada que decir.” (Punto final).
Y sin embargo, me parece imposible que alguien no tenga nada con lo que llenar una página, dos, tres, mil, millones, infinitas páginas. Escribir, hasta estar rodeado de manuscritos, ahogado, en una marea movediza de papeles malos, llenos de manos, listos para atacar.
Hace poco leí que no se trataba de la página en blanco, que por el contrario, la página estaba en negro y el escritor tenía que quitar superficie, hasta dejar el texto. En ese caso, el trabajo del escritor se parecería más al trabajo del escultor. No está mal. Después de todo ¿Quién inventó la idea de la “página en blanco”?
Sería un concepto liberador, pensar que el hombre va hacia el texto y no que de la nada tiene que surgir algo.
Hay un bullicio real, de allí hay que ir separando las partes, entonces nunca tendrá una página en blanco, ni miedo a que no se le ocurra nada.
No creo que exista la persona a la que no se le ocurra nada. Ah si: yo. Acabo de decir que no se me ocurría nada hoy. Pero ¿Cómo es posible? Bastaría con que cuente algo que me pasó, algo que me pasa o me pasará o que invente algo o lo que sea.
Ahora por ejemplo, pasa algo que muchos de ustedes quisieran ver, y no por el contenido sensual de la escena, sino por el nivel de intimidad que contiene, yo como todos somos indiscretos, ¿Cómo no vamos a interesarnos?
Mi vecina de enfrente se pasea semi desnuda con una larga camisa blanca..El teléfono en una mano, apareciendo y desapareciendo en una ventana o en la otra y una semisonrisa perfumada del rojo más profundo del mundo.
Ella fue lo primero que vi cuando visité este departamento. Estaba con un grupo de gente, revisaban unos papeles y pero parecía en otra parte.
Días después la encontré en el parque, en el extremo de la correa llevaba un perro blanco que una amiga le había dejado por quince días, mientras ella arreglaba unos asuntos en Brasil.
Nuestros edificios son muy cercanos y las ventanas de su departamento son casi una prolongación de mi living. Nos encontramos del otro lado del espejo y nos saludamos con gestos torpes.
Ella es china, dirige una cadena de restaurantes chinos, tiene los rasgos orientales, las manos finas, pero la tez morena, lo que es raro entre los chinos del norte (Han). Pero es que tiene un violador español en su sangre.
Juan Carlos García llegó a Pekín en los años 80 para trabajar en un puesto subalterno en la embajada mientras su esposa era Responsable de Exportaciones. Nunca pensó que no podría resistirse a las piernas de esa empleada china, milimétrica, casi un insecto, que limpiaba el baño en delantal azul.
Se sorprendió una noche pensando en ella. Era como si el delantal azul lo ocupara todo, porque ella era demasiado pequeña como para tocarla.
Tendría que violarla con la ayuda de un microscopio. Pero la soledad fue suficiente: Mientras su esposa se iba por importantes urgencias comerciales con el embajador (hasta sospechaba que el hijo que llevaba en el vientre era de este estúpido hombre importante) él se quedaba metiendo un papel adentro de otro a horarios inusuales, en los que ella hacia la limpieza, con el delantal descubriendo sus piernas blancas de niña y casi de niño.
Y abusó de ella en el pasillo, pegándole la cabeza contra la pared hasta que la sangre hizo como una araña en el empapelado y ella nunca dijo nada.
Tuvo a Chang Cong (mi vecina..) siete meses después y lo crió sola. Chang Cong nunca vio a su padre, ni en fotos, pero dice que no quiere hacerlo, tampoco.
La madre eligió ese nombre (Chang) que significa “libre” porque quería que su hija recorriera el mundo y sea feliz. Y así lo hizo, y ahora, con tan sólo veinticinco años fundó una cadena de supermercados que tiene sucursales en todo el mundo, ha vivido en Londres, San Pablo, Nueva York y ahora en París.
Esa tarde, sentada en las escalinatas del parque George Brassens, me contó porqué su amiga brasilera le había dejado el pequeño caniche.
Sandra Do Santos vivía también en nuestro barrio con el caniche y un pescado rojo adentro de la pecera circular. Trabajaba como contable para los supermercados de Chang Cong y su madre acababa de ganar la lotería en Brasil: Cinco millones de dólares. Pero nadie sabía cómo esta ama de casa de sesenta años había gastado todo el dinero en menos de una semana.
La contable de Chang Cong había viajado a Brasil para hablar con su madre. ¿Donde habían pasado los cinco millones de dólares? La señora dijo que se los olvidó en un taxi, lo que evidentemente es mentira, ya que fue a retirar el dinero con su propio coche.
Abro la ventana y pregunto a mi vecina con quien está hablando “con el presidente de China”, responde: “Entonces vestite, por lo menos”, le respondo.
Cierro las cortinas para no distraerme y pienso: “¿Y si abriera el placard y encontrara los cinco millones de dólares perdidos?” Sé que es ridículo. Ni siquiera tendría que hacer el esfuerzo de ir hasta el mueble y abrirlo, está claro que no es así. Sin embargo no puedo resistirme, voy y abro el placard…Debajo de mis camisas negras hay una maleta que no es mía. Una maleta mediana, de cuerina gastada. La pongo arriba de la cama, la abro: Esta llena de dinero. No hace falta que lo cuente para saber que hay exactamente cinco millones de dólares.
Voy a revisar el placard, no hay dobles fondos, ni maderas que pueden descorrerse, y ninguna prenda está en un lugar inusual.
Chang Cong ya no está al teléfono, en su ventana aflora la cabeza de plumero blanco del caniche, que saca la lengua como pidiendo una estampilla (se me acaba de ocurrir un uso de los perros sedientos) y mira.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en París. Guarda el enlace permanente.

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