El CATO

Cempazúchitl (DC)

Iba a completar mi reseña sobre el Capitolio, pero prefiero retomar una pregunta que me hizo mi amigo Ulf en el post anterior, a saber: “¿cuál es el problema con el CATO Institute?”

Para los que no viven del mundo de las políticas públicas, el nombre de CATO Institute dice poco o nada. El link a su página web puede ayudar a conocerlos mejor, pero a fin de ahorrarle el trabajo al lector, y a riesgo de simplificar de más, quizá valga la pena ofrecer una breve semblanza del CATO. Desde sus orígenes, el CATO se ha presentado como un defensor de lo que considera son los valores de la Constitución de Estados Unidos: libertad, derecho a perseguir la felicidad, y todo eso. En su perspectiva, el país que los Founding Fathers tenían en mente era uno donde el gobierno fuera prácticamente inexistente e interviniera poco en la vida individual. Mientras menos estado, mejor. Mientras más cercanos a la letra de la Constitución estadounidense, mejor. Filosóficamente, el CATO está en el bando de los libertarios; literariamente, son los que han aplicado las vivencias de los personajes de Ayn Rand a las políticas públicas; políticamente, han dado sustento ideológico al ala del Partido Republicano que se identifica con Ronald Reagan y, más recientemente, al Tea Party.

Este es un blog creado por (y en cierta forma dirigido a) gente dedicada a la literatura y las artes, por lo que quizá valga la pena hacer una conexión entre el CATO y los intereses de este blog. La relación entre el CATO y las artes es tenue: Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario Vargas Llosa, trabajó un tiempo en el CATO y fundó la sección hispana del mismo. Vargas Llosa padre es un visitante habitual de DC, como lo saben los lectores de sus columnas, por la residencia de Álvaro en la ciudad. Pero fuera de eso, desconozco de otro vínculo entre el CATO y las artes, y dudo que lo haya: cualquier financiamiento público para el arte sería, a los ojos del CATO, un gasto innecesario de dinero.

Creo que hay tres formas de abordar la pregunta de Ulf. La primera es la ideológica: ¿qué hay de malo con la ideología del CATO Institute? La segunda, a falta de un término mejor, la llamaré metodológica: ¿qué hay de malo con la forma en la que el CATO Institute hace investigación? La tercera tiene que ver con la forma en la que hacen relaciones públicas: ¿qué hay de malo con la forma en la que el CATO Institute difunde su trabajo y su ideología?

La respuesta a la primera pregunta puede ser planteada en un sentido más amplio: ¿qué hay de malo con el libertarianismo? La extrema derecha y la extrema izquierda se unen en sus deseos de ver al gobierno desterrado de la vida del hombre: en el fondo, los anarquistas de izquierda del siglo XIX, que soñaban con una sociedad sin gobierno, no son tan diferentes a los ultracapitalistas del siglo XX y XXI que creen en una sociedad capaz de regularse sola vía el libre mercado. Y es que la idea de no tener al gobierno interfiriendo en nuestras vidas es bastante tentadora. El problema, parafraseando a Sartre, son los otros. No escribo esto en el sentido de una moralina barata en el que haya que pensar en los demás para vivir en un mundo mejor. Nuestras acciones tienen consecuencias –“externalidades”, para ponerlo en términos tecnocráticos- que afectan a las personas a nuestro alrededor. De acuerdo a los libertarios, una persona es libre de fumar todos los cigarros que quiera si así lo desea, aunque eso implique que muera de un infarto o de un cáncer a la larga; es su cuerpo y puede hacer con él lo que le plazca. De no haber un sistema de salud público, como el que existe (en menor o mayor medida) en la mayor parte del mundo, esta línea de pensamiento sería válida. El problema es que, el cigarro que una persona se fuma hoy será la búsqueda de la cura para un cáncer que mis impuestos tendrán que pagar mañana. Existen servicios y bienes cuya naturaleza los hace públicos, y por lo tanto sólo pueden ser provistos por el Estado.

Lo triste es que el CATO ni siquiera es fiel a sus propios principios. Uno creería que, al ser halcones en contra del gobierno, el gasto público y los déficits, estarían a favor de una reducción en los gastos de defensa del gobierno estadounidense, pero ese no es el caso. Las piruetas mentales que hacen para argumentar a favor de menos impuestos y más gasto en defensa son alucinantes.

Para comprender la respuesta a la segunda pregunta sí hay que tener conocimiento sobre el trabajo del CATO. Baste decir que nunca han publicado algo contrario a su línea de pensamiento. Al CATO no le interesa hacer investigación, sino interpretar hechos que apoyen a sus propias conclusiones. Ningún trabajo académico cita al CATO; los que lo hacen son políticos. Aunque legalmente sea un think tank, el CATO en realidad es un policy advocacy group. En toda honestidad, el CATO tiene que jugar bajo las reglas del juego de la ciudad: investigar y concluir lo que sus donantes quieren. Y como sus donantes quieren menos impuestos, menos regulación, y mayores derechos para usar armas, pues es lo que los documentos del CATO tienen que decir…

Para la tercera pregunta tengo que basarme en la experiencia personal: cuando era un intern sin un peso, yo iba a los eventos del CATO porque eran los que más y mejor comida daban.

El CATO es, a pesar de todo lo que he escrito, un actor relevante en el proceso político de los Estaods Unidos. Es alguien a quien hay que escuchar, aunque sea para tantear las aguas.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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4 respuestas a El CATO

  1. Aletz dijo:

    No había visto tu publicación, pensé que estabas todavía en recuperación: chapeau!!

    Octavio Paz decía que, el siglo XX, empezó siendo el de las utopías y terminó siendo el del poder represivo del Estado. El problema de Paz es que dice (o decía), pero nunca explica, peor aún, nunca sustenta. Los del CATO pueden buscarle una explicación a sus palabras..

  2. Ya estoy de vuelta, aunque todavía en dieta, gracias!

    Pues es que ese es el problema de los literatos metidos a científicos sociales: cubren sus carencias metodológicas con palabras bonitas. Sustituyen argumentos con aforismos.

    Pero de cualquier caso, el caso de Paz es mejor que el de Monsiváis, que ni siquiera decía; nada más chismeaba y contaba chistes que nada más él entendía.

  3. Aletz dijo:

    Tienes razón, antes los problemas sociales de México se discutían y resolvían en la revista Plural, Nexos o Vuelta. Ahora hay más gente que puede llegar con una investigación de maestría o de doctorado y poner los argumentos sobre la mesa.

    Rebajas mucho a Monsi, el tipo es barroco e incomprensible como pocos, pero tiene un gran mérito, que lo ha hecho uno de los pensadores más amados en gringolandia: fue el primero en estudiar a la brosa. Los “estudios culturales” le están partiendo la madre a la “literatura”.

  4. Ulf dijo:

    Gracias por clarificar algunos puntos sobre el Cato.

    Me estaba preguntando si la misma crítica que hiciste del Cato se puede hacer también sobre todos los lobby groups y think tanks en el D.C. y otras capitales del mundo. Cuales estrategias y metas tienen los grupos de lobby que obtienen plata de George Soros, por ejemplo? Cuántas mentiras dicen ambos, los grupos pro-aborto y anti-aborto?

    Entonces en vez de mencionar ‘las recepciones en las que ofrecen comida gratis para poder comer, una vez al día, aunque las ofrezcan los grupos anti-aborto, el lobby de armas, y el CATO Institute’, se podría incluir muchos lobby groups y think tanks más.

    Mira, por lo menos el Cato da comida y publica las ideas de Peter Bauer.

    Ya se acabó mi clase de español por hoy. Saludos a Washington!

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