El Capitolio (I)

Cempazúchitl (Washigton, DC)

A nivel mundial, el hecho de que la educación superior sea percibida como un derecho adquirido por parte de las clases medias dificulta saber quién está bien preparado y quién no. Por ello, en los últimos años se han puesto de moda los “internships”, que no son otra cosa que programas en los que estudiantes universitarios están dispuestos a trabajar gratis en algún lugar de prestigio a fin de tener algo que resalte en su currículum vitae. El sistema es claramente regresivo e injusto: por lo general, los estudiantes universitarios que pueden estar un período entero (por lo general un verano) trabajando gratis son los que vienen de una familia acomodada que pueden pagar renta, comida, borracheras, etcétera, mientras el príncipe (o princesa, no vamos a discriminar) está todos los días en una oficina contestando teléfonos, respondiendo cartas, o cualquier otro trabajo que, en otra circunstancia, los ricos considerarían denigrante de no ser porque “se ve bien en el CV”.

La primera vez que vine a DC fue un verano, como “intern” en el Congreso. Washington está lleno de ellos. La mayoría cumple el perfil que describí arriba: gente bien y bonita subsidiada por los papás que vienen a tomarse fotos de los monumentos y, en no pocos casos, con los amigos de los padres que les “ofrecieron” los “internships”.

Pero hay otra clase de interns: los que trabajan en la oficina de día y de meseros o baristas de noche, con la esperanza de entrar a algún posgrado de calidad o ser contratado en algún lugar de la ciudad; gente que busca las recepciones y hearings en las que ofrecen toppings gratis para poder comer, una vez al día. Poco importa que los eventos sean organizados por los grupos anti-aborto, el lobby de armas, o el CATO Institute que, conocedores de su impopularidad entre los jóvenes, ofrecen comida gratis en gran parte para atraerlos. DC tiene así su propia encarnación del sueño americano: trabajar gratis por  meses y encontrar un trabajo que permita vivir bien en el mediano plazo.

No hay estadísticas en cuanto a la proporción de gente que tiene un trabajo asalariado y los que trabajan como interns, pero sí hay experiencia anecdótica respecto a cómo la economía de la ciudad se mueve gracias a todos los chicos que tienen entre 20 y 25 años y están dispuestos a trabajar a cambio de nada. Los conservadores, que odian a DC por ser un bastión negro y demócrata que -según ellos- vive de transferencias del gobierno federal, dicen que los internships son subsidios por parte de los padres de los interns (“good working Americans”, of course) a una ciudad que vive en el pecado y la corrupción gubernamental. Pero, por otro lado, como los conservadores todavía guardan cierto dejo sentimental respecto a la esclavitud, no los critican demasiado.

Todo mundo coincide en una cosa: las interns son las mujeres más demandadas de la ciudad, ya que son carne fresca en una ciudad de hombres solitarios dispuestos a tirarle a lo que se mueva.

Yo trabajé en la oficina de un congresista proveniente de una ciudad mediana del norte de Estados Unidos que tiene un equipo de fútbol americano que vivió sus mayores glorias a inicios de los 90. No recuerdo cuántos interns había, pero sí que la mayoría eran hijos de personas que habían contribuido a la campaña del congresista. Su staff de planta estaba compuesto tanto por gente de su distrito, que entendían las necesidades y demandas  de sus votantes, como por tecnócratas de carrera que entendían cómo funcionaba el Capitolio. Yo hacía “investigación” sobre un tratado comercial que se estaba negociando entonces en el Congreso y que dividía a Demócratas y a Republicanos. Pongo la palabra investigación entre comillas porque los resultados que tenía que reportar ya estaban dados de antemano: mi congresista, Demócrata de una ciudad industrial en declive, tenía que votar en contra del tratado, ya que el libre comercio, creen los Demócratas y los sindicatos, aumentaría la delocalización de trabajos de su paupérrima ciudad a los países que se beneficiarían del tratado. Mi “investigación” en realidad consistía en encontrarle argumentos que pudiera repetir en el piso o ante sus votantes.

En alguna ocasión me pidieron también que respondiera cartas de ciudadanos comprometidos que estaban en contra de cualquier cosa, pero como no soy escritor de inglés nativo me relevaron de tan dignificante tarea, no fuera a ser que los trabajadores desplazados creyeran que estaban empleando a un hispánico que sólo vino a robar trabajos americanos (“immigrants who come to steal American jobs” es un mantra del lumpen estadounidense).

También me mandaron a tomar notas a reuniones que tuvieran que ver con América Latina. Ahí me tocó ver a un reportero pro-FARC mostrando “evidencia” de que éstas no eran un grupo terrorista; a un ex presidente  en estado de ebriedad insultando a todo mundo, y a un congresista hablando de pedos mientras estaba on-the-record. Y es que, los congresistas, en cualquier parte del mundo, son tan vulgares como el promedio de los ciudadanos: después de todo, son los representantes del pueblo. Otra cosa es que no nos guste lo que vemos en ese espejo…

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Washington. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El Capitolio (I)

  1. Ulf dijo:

    Muchas gracias por estos detalles tan interesantes sobre DC; pero cuál es el problema con el Cato Institute?

  2. Aletz dijo:

    Y el Doctor Simmen???

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s