La revolución tranquila

Aletz (Montreal)

Todos los pueblos tienen su revolución, pero sólo Quebec la tuvo tranquila. Salvo algunos secuestros y dos o tres cartas bomba, que explotaron en el buzón del correo, aquí, a diferencia del resto del mundo, los años sesenta estuvieron limpios de sangre. Y de ser una región con uno de los índices más bajos de escolarización (entre los países ricos), Quebec se convirtió en la Meca de las universidades y en ejemplo de las mejores escuelas preparatorias de Canadá. Y de ser una región donde no había hospitales, ni escuelas primarias que no fueran manejadas por la Iglesia católica, se convirtió en un pueblo ateo con un servicio médico gratuito. Y de ser una ciudad plagada de desigualdades de clase, sexo y raza se convirtió en una sociedad bastante igualitaria.

¿Cómo lo hizo?

Para empezar, dejando de ir a misa. Está probado que todas las sociedades más o menos civilizadas pasaron por una primera etapa de sano escepticismo. Esta chispa del alma cognitiva, si es fuerte, enciende la luz a una lista de demandas, entre las cuales destacan, los derechos humanos, el estado laico, la libertad sexual y la libertad de no creer en nada.

Después, el segundo paso: participación ciudadana. Montreal y Quebec despertó un día con sus obreros, estudiantes y amas de casa afeando las calles. Ante este desafío, el ejército no disparó una sola bala, se encargó, en cambio, de recibir pedradas y basura con marcial estoicismo, cual debe. Al poco tiempo, la clase política y la élite económica se enfrentó a lo inevitable: actuar o entregarse al caos. Haciendo gala de su pragmatismo ancestral, la clase económica empacó maletas y se fue a Toronto. Pero los otros ni modo de irse tras del dinero, ahí los habían votado, ahí tenían el nombre pegado en los escaños, ahí se quedaron. Después de hacer las reformas.

Y tercero y último, Quebec logró su revolución porque iba acompañada de una reclama justa. Esto parece evidente, pero no lo es tanto, sobre todo si se es contemporáneo al hecho. Durante la lucha de Gandhi, no quedaba nada claro si el moreno en huelga de hambre era  un nuevo gurú, un alborotador, un gran estratega, o un sabio. Hace poco leí una editorial del periódico La Jornada que se refería a los levantamientos en el mundo árabe como parte de una estratagema de la política exterior yanqui para desestabilizar lo desestabilizado. A cualquier argumento se le pueden dar mil vueltas para adaptarlo al gusto. Pero hay un momento en que más allá del  retruécano y la sutileza, más allá del “mi muy humilde y personal opinión”, la reclama justa salta a la vista. Sí, la India tenía derecho a luchar por su independencia, y sí, los quebequenses tenían derecho a dejar de ser habitantes de segunda. Encima de ellos siempre estaba la religión católica, y luego encima de la religión católica estaba la MacDonald Tobacco Co, el Beaver Club, la Redpath Mining Contractors and Sugar Refinery. Mucho peso, mucha chinga. Los quebequenses estaban en todo su derecho, lucharon por su revolución y la ganaron.

Primero se quitaron de encima a los de sotana, luego a los de habla inglesa. Y eso, en menos de diez años (¡¡aprende América Latina!!). Después les tocó trabajar. Ya llevan cincuenta años trabajando y, para su vergüenza, son el estado más corrupto y más pobre de todo Canadá. Pero bueno, esa ya es otra historia. El día de hoy este post quiere festejar la única revolución tranquila en toda América: una lucha civil pacífica (o casi), que logró todos sus objetivos (o casi).

ps. Es preciso terminar con una aclaración y una propuesta. La primera es que la revolución tranquila es francófona, para los canadienses de habla inglesa la revolución pasó desapercibida, salvo como un movimiento nacionalista extremo (de franco-canadienses pasaron a ser quebequenses). La segunda tiene que ver con una necesidad de contar la revolución tranquila como Dickens contó la francesa en su novela Historia de dos ciudades. Lo mucho que decayó la economía en Montreal, fue lo mucho que aumentó en Toronto, haciéndola, en definitiva, la capital económica de este país. Así pues, no quedaría mal hacer el equivalente de Montreal como el París revolucionario, y Toronto  como el Londres benefactor de la derrama de dinero.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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6 respuestas a La revolución tranquila

  1. daniel valverde dijo:

    mi alex, me gusta su aportacion sobre la revolucion tranquila, escribe usted muy bien, aunque no me gusto la oracion donde dices que para lograr ser la sociedad que es quebec actualmente es porque los quebequas dejaron de ir a misa…jajaja… calma mi alex no sea hereje…

  2. Ulf dijo:

    Aletz empezó su post con las palabras: ‘Todos los pueblos tienen su revolución, pero sólo Quebec la tuvo tranquila’.
    Me estoy preguntando si no existen más pueblos en algún lugar que tuvieron su revolución tranquila.
    Si recuerdo bien, mis compatriotas también tuvieron un revolución tranquila y exitosa en lugares como Leipzig, Dresden y en la parte de Berlín que fue ocupada por las fuerzas del evil empire (en donde dejar de ir a la misa nunca significaba ‘[encender] la luz a una lista de demandas, entre las cuales destacan, los derechos humanos, el estado laico, la libertad sexual y la libertad de no creer en nada’).

  3. Mentira: lo lograron con subsidios de la parte angloparlante de Canadá. Quebec lleva quebrado 40 años y si no ha pasado nada es porque el resto del país paga el chantaje independentista. Y además, sigue siendo una de las regiones más pobres de los países ricos.

  4. Aletz dijo:

    Me da mucho gusto leer sus comentarios, quiero responder cuál debe, así que vamos por partes.
    Cada uno aporta un comentario desde el tema que más conoce o le interesa, empezando por la religión, luego por la política y, al final, la economía. Empecemos por la religión.
    Es imposible abordar la revolución tranquila sin enfatizar en la ola de secularización que cambió, por completo, el rostro a esta sociedad. Los hospitales y las escuelas eran propiedad, en su gran mayoría, de la iglesia; al igual que la moral familiar, que prohibía los métodos anticonceptivos y el divorcio. Tomados los espacios públicos de enseñanza, salud y educación sexual, la única manera que tenía la gente común y corriente de ejercer una “educación y vida laica”, una “libertad sexual” y “libertad de no creer en nada” era o en su imaginación o en la alienación. Esto es lo que reprocho a la iglesia, y lo que intenté explicar en mi comentario, eso sí, con un deje inevitable de ironía. Pero a usted mi Daniel, como es buen creyente, la ironía se le resbala y hasta me la respondes muy bien acusándome de hereje.
    Segundo: si bien es cierto que en otros lugares pudieron haber vivido una revolución económica, política o cultural sin derramamiento de sangre, no estoy seguro si también se dio un cambio de grupo cultura-racial-lingüístico en el poder. No sé a quién te refieres Ulf, con “evil empire”. ¿Estados Unidos o la URSS? Me imagino que el segundo. Sí es así, tienes razón. Alemania Oriental debió haber vivido un proceso parecido al de Quebec en su liberación del comunismo.
    Tercero y último: la economía es la piedra de la discordia en el Canadá de hoy. La población más conservadora ya no quiere financiar al estado más pobre y corrupto de Canadá. Por otro lado, Quebec se defiende diciendo que él nunca ha querido ser financiado. Diálogo de sordos. Y no parece haber otra explicación para mantener la unidad en este país que la inercia. Ahora, saltar de este hecho económico a la esfera religiosa, cultural y política que engloba el tema de la revolución tranquila es casi como decir que un país como la India dejó de ser colonia porque la East India Company les financió el capricho. Creo, mi estimado Cempa, que hay mucho más de fondo, y prueba de ello son los comentarios religiosos y políticos ya citados.
    Ta gueno, un abrazo a los tres!

  5. Ulf dijo:

    Yo uso el termino ‘evil empire’ como lo usó un ex actor, gobernador de California y presidente de Estados Unidos.

  6. Luz dijo:

    Me gusto mucho tu escrito. grandes verdades históricas con el mínimo de palabras conservando la fuerza de los acontecimientos. Por favor continúa escribiéndonos sobre este tema. Saludos

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