Conejillo de indias (2)

Aletz (Montreal)

El piso 35 es un laboratorio. Cada semana convocan a un promedio de cien a doscientas personas para usarnos de conejillos de indias (ratas de laboratorio). ¿A dónde quieren llegar con sus experimentos? No sé. Ahí está el dilema, que llevo tres experiencias —eufemismo con el que ellos, los otros, califican sus experimentos—, y lo único que me queda claro es que les sobra el dinero.

La primera vez fui bajo el consejo de una amiga. Ella ganó treinta dólares durante una hora; no le pidieron que ingiriera nada, ni se moviera de su asiento, tampoco usaron cámaras ni otro registro más que el recibo de pago. Fui el jueves al piso 35, llegué diez minutos antes y me senté frente a una computadora con un formulario. Las preguntas eran del tipo: ¿Quién crees que sea más feliz? Una persona con:

a)Título de primaria
b)Título de preparatoria o liceo
c)Título universitario
d)Sin título.

Eran alrededor de veinte preguntas. Una vez finalizado el ejercicio, había que entrar a un chat, con otras cuatro personas elegidas al azar entre los veinte participantes. Se discutían las respuestas, y después de diez minutos en el chat, había que llenar el formulario una segunda vez, intentando ahora que las respuestas coincidieran con las del resto del equipo. Salí a la hora de haber llegado con 55 dólares en el bolsillo.

“Mais, ¿pa qué sirve isso?,” me preguntó mi amigo Abelardo en el teléfono, cuando a la semana siguiente me dirigía de nuevo al piso 35.

“No sé, pero se gana dinero sin moverte del asiento.”

“Cara, voçe va hacerse rico llenando formularios.”

La segunda vez, en castigo, gané mucho menos: 20 dólares. Esta vez, el juego consistía en declarar impuestos. A cada uno de los participantes le dieron ocho salarios. Teníamos la posibilidad, en cada ocasión, de declarar todas nuestras ganancias (y pagar los impuestos debidos), o mentir y evadir impuestos. Formaron grupos de cuatro, y cada uno veía el historial de los otros tres jugadores. El objetivo de ver a los demás, era que había la posibilidad de denunciar a los mentirosos (con una pérdida de dos dólares por denuncia, fuera válida o no). Al final del juego, escogían al azar uno de los ocho salarios que habías logrado y te lo pagaban al contado. Los impuestos que habías declarado iban a un fondo que ayudaba a luchar contra las emisiones de carbono en Canadá.

“Cara, voçe tornó completamente maluco,” me escribió Abelardo en internet, cuando vio el recibo de mi donación de 854 dólares a http://www.planetair.com, que redujo 24,54 toneladas de Co2e en la atmósfera.

“Es el dinero de los experimentos.”

“¿Voçe va inventir mais plata en cosas disas?”

“Quizá. Es una buena causa,” le escribí yo, como si lo hubiera sacado de mi bolsillo.

“A gente esa haría melhor de bayar un momentiño a terra.”

A la siguiente semana, volví a inscribirme para otra experiencia. Esta vez, el juego fue electoral. En un eje con valores numéricos, distribuyeron a tres o cinco candidatos. A cada uno de los veinte participantes nos colocaron en el mismo eje, y el objetivo consistía en votar por el candidato más cercano a la posición asignada. La diferencia entre el candidato ganador y la posición de cada uno era la cantidad de dinero que le restaban a la paga final. Mi resultado fue mediocre, pero aún así salí con 38 dólares por una hora de juego.

“Dejo de llenar formularios, Abelardo,” le dije a mi amigo por teléfono, a la salida del piso 35.

“¿Voçe foi despedido do experimento?”

“No, peor que eso.”

“¿Voçe foi contratado?”

“Algo parecido.”

Continuará…

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Conejillo de indias (2)

  1. Mejor que el Optimed de Grenoble, al lado del campus…

  2. Aletz dijo:

    Muuucho mejor, por lo que me has contado.

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