Madrid le quitó la escritura

Pablo (Madrid)

Esto es un pequeño homenaje a una persona, que se hace llamar Pizpireta, que lleva siete meses (uno por ciudad) sin escribir una letra. A Pizpireta no me costaría llamarla amiga, aunque nuestra relación ha sido poco convencional. Tenemos la misma edad, crecimos en la misma ciudad, fuimos a los mismos sitios, tenemos aficiones idénticas, y nunca nos vimos. La conocí en otra Ciudad distinta, 20 años después de pisar la primera, debido a un par de insólitas llamadas que todavía ignoramos de dónde vinieron, aunque sepamos el por qué. Una Ciudad en la que, como ella escribió, no es necesario crear la magia que hace sobrevivir en otras ciudades, allí simplemente ocurre.

Nos hemos visto nueve veces en algo más de dos años, siete de ellas (una por escritor) en aquella Ciudad y dos en Madrid, estas muy distanciadas en el tiempo a pesar de que ambos vivamos aquí. Sería capaz de relatar detalles de los nueve encuentros, a veces hasta fragmentos de la conversación, aunque eso lo podría hacer con cualquier persona a la que aprecio, o que simplemente me hizo pensar. Ninguna de las nueve veces estuvimos hablando menos de dos horas, ni siquiera la primera, cuando nos conocimos, algunas veces aquellas conversaciones se extendieron tardes enteras.

He vivido toda mi vida en la misma ciudad que ella, los mismos períodos, tanto cuando nos conocíamos como cuando no. Ambos hemos creado nuestros propios mitos en todas nuestras ciudades pero ninguno estamos en los del otro (acaso de manera superficial). Nuestras charlas siempre empiezan hablando de nada en concreto para terminar hablando de todo en general, sin confidencias nunca. Hablamos de nosotros pero sólo rascando la superficie de nuestra verdadera intimidad, aunque sin perder un gramo de la complicidad natural que siempre hemos tenido. Sin embargo, es raro que nos veamos con asiduidad, ni siquiera con cierta frecuencia, ya sucedió en la Ciudad donde nos conocimos y sucede aún más aquí en Madrid.

Sin embargo, hace poco pude contactar con ella de nuevo, y nos vimos por novena vez. Además de todo lo típico, tenía curiosidad por saber qué le había llevado a abandonar la escritura (algo que descubrí casi por casualidad), pues si lo había dejado de puertas afuera, imaginé que también lo habría hecho de miras adentro. `Dejé de bailar. Se me acabó el agua´ me dijo `Quizá sea esta ciudad, que ya no es tan bonita´ remató.

No es la ciudad, nunca es la ciudad, ni para ella ni para nosotros siete. Dudo mucho que aguante mucho más tiempo aquí. Dudo mucho que vuelva a escribir aquí. Se le apagó la llama, o quizá el contraste de Madrid con la otra Ciudad (su Ciudad, la que siempre debería escribirse en mayúsculas) y su vida allí, es tan fuerte que una de sus víctimas han sido sus letras. Al final siempre mueren, como los inocentes en una guerra, o mueren o se apoderan de ti de manera irremediable, y ella en su quietud consiguió asesinarlas. Pues en realidad sí escribe, pero no es lo mismo, ahora lo hace siempre por obligación, siguiendo la misma estructura. Escribe sobre la ciudad.

Sin sus poemas y su crónicas libres –rara vez saltó al abismo de la ficción- supongo que tendré que contentarme con los mails cortos y esporádicos que a veces nos mandamos para recordarnos que estamos vivos y que una vez nos conocimos.

Sin ninguna intención de volverla animar a escribir (eso no se puede forzar) desde aquí la invito a ello, al menos para hacerle saber que siempre tendrá un lector más, de nuevo.

Para los que quieran, esta es Pizpireta, o la parte que dejó ver.

http://bailandoelagua.wordpress.com/

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Madrid le quitó la escritura

  1. B dijo:

    Dile que siga escribiendo. Aunque sólo sea una vez a la semana. Los lunes, por ejemplo.

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