Fuga de ideas (…que no me compro un Blackberry)

Harold (Bogotá)

Como suele ocurrir en muchas ocasiones,  hay ideas que nos asaltan en los lugares más dispares. A veces mientras atendemos a una clase, cuando caminamos con la cabeza gacha o en medio de un atasco. Entonces, en esas ocasiones, es imposible dejar escapar esas ideas, y a pesar de la incomodidad o de la imprudencia es necesario tomar lápiz y papel; escribir cuanto se pueda antes que la idea se esfume.  En ciertos días unos se encuentra garabateando en el autobús, en las orillas del recibo de la luz o en el reverso de algún examen; si uno ha sido víctima constante de la pérdida de quimeras entonces ya se es precavido y se tiene a la mano una pequeña libreta o un cuaderno de apuntes.

A veces ocurre que no hay nada con que escribir y tratamos inútilmente de mantener en la memoria esas fabulosas elucubraciones; pensamos en esas ideas y les vamos dando forma, ellas se dejan crecer y en un instante son algo increíble, pero de repente, sin que apenas nos percatemos ya estamos pensando en otra cosa. Con algo de rabia y mucho esfuerzo intentamos crear conexiones que nos lleven de vuelta al pensamiento primero, pero de nada sirve, esa idea, al igual que un fuego fatuo, se desvanece con toda su belleza. Y es en momentos así que uno piensa en que deberían inventarse un dispositivo que retenga lo que hay en nuestras mentes, un memoria virtual que detenga el tropel de las ideas y que las traduzca de forma satisfactoria (porque a veces esas ideas no nos llegan en palabras) para que después, cuando lleguemos a casa podamos deleitarnos con esos formidables mundos posibles.

Algunos sagaces habitantes de la posmodernidad nos dirán que todo es posible si tienes un blackberry, y en serio, es sólo levantar la cabeza y ver que todo el mundo a nuestro alrededor está inmerso en estos adminículos. Uno se pregunta si todos ellos, los amos de un blackberry, están evitando la desaparición inmisericorde de las bellas ideas. Y uno se lo pregunta porque si viviéramos en 1915, por ejemplo, y uno viera a un tipo de traje cargando los cinco kilos de una Olivetti portátil ya sabríamos que el tipo es escritor o periodista. Entonces, las cafeterías tenían unas mesas muy amplias para poder acomodar las maquinas de escribir, y los tipos de traje iban siempre preparados a confrontar sus ideas. Supongo que un blackberry servirá para lo mismo, pero no creo que muchos lo utilicen así. Tal vez sea porque encuentro mucha dificultad en escribir en esos diminutos teclados, o tal vez porque hacerlo le quita algo de dignidad a la idea. Y eso en razón de que algunos objetos del mundo parecieran tener un propósito claro y definido, y yo, por lo menos, me sentiría un tanto sacrílego al deshonrarlos. Conozco de un tipo que se propuso (y lo logró, salió en el noticiero de la noche y todo) escribir un libro, no sé bien si una novela o una antología de relatos, usando sólo su blackberry, tarea exhaustiva, hay que reconocérselo. Supongo que no se puede juzgar ningún texto por los medios en que ha sido concebido, da igual si lo escribió en su BB o si lo hizo sobre papel sanitario, su calidad no puede radicar en ello, pero no deja de ser sospechosa una iniciativa como esa, sobre todo porque al parecer su intención no va más allá, precisamente, de evidenciar esos medios y ponderarlos.

De cualquier forma prefiero que las cosas sigan como siempre, que los estudiantes usen sus BB para decirle a sus amigos que las clases son muy aburridas, o para llenar de emoticones a sus parejas. Yo seguiré rayando hojas que posiblemente pierda y viendo pasar ideas que se fugan en el espacio.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Fuga de ideas (…que no me compro un Blackberry)

  1. Dorian Gray dijo:

    ¡Nada como el grafito, nada como el papel!

  2. Anónimo dijo:

    Mi padre me regalo un blackberry, luego de darle algo de uso, descubrí que es un pisapapeles con teclado ¡Que viva la maquina de escribir!

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