Leviatán

Altez (Montreal)

Estaba viendo las noticias de los Pro-Democracy fighters contra los Dictadores de Medio Oriente y el Maghreb; los niveles de radiación en las espinacas japonesas y el discurso del Emperador, cuando, de pronto, el reportero de Aljazeera dijo que el parlamento canadiense se había disuelto. Mierda. Corrí a encender la tele, sintonice el canal de noticias locales y ahí estaba, la torre del Parlamento canadiense (copia bastante decente, aunque no por ello copia del Parlamento británico), girando en el vacío.

Hablaron entonces los liberales:

“Mister Harper no reconocería a la verdad si se le acercara a mitad de la calle a darle la mano.”

Habló la otra izquierda (sabemos que las izquierdas crecen como las amibas, por mitosis):

“Estoy listo para gobernar, y para quien lo dude, sería capaz de desvestirme aquí, en este momento, frente a las cámaras” (después descubrí que el candidato venía de superar un cáncer especialmente maligno, que le costó la amputación de una parte del brazo: encuerarse era probar que sabía resistir a todo).

Y, por último, habló Harper:

“Lo que importa es la economía. La economía y actuar bajo ciertas reglas.”

(Los que nunca hablaron fueron de los Bloque Quebequense, ¡acaso no tenían nada qué decir! Su representación en el Parlamento es de un 9% nada despreciable. Todo francófono canadiense, y cuando todo digo todo, vota por el Bloque. Pues bueno, de éstos no hablaron. Luego no se sorprendan de que quieran separarse.)

Estuve hora y media pegado frente a la televisión, y me quedé en las mismas. Entonces qué, ¿seguimos con parlamento? ¿Somos anarquistas sindicalistas?  ¿Estamos como los belgas? ¿Dependemos únicamente de la voluntad de la reina? Este recuerdo de la reina, me hizo recordar, a su vez, el sistema político inglés, cuyo funcionamiento —reto a cualquier persona que lea este post a contradecirme— es imposible descifrar en el lapso de una vida humana. Por lo que he logrado entender hasta ahora, cada cierto tiempo, el Primer Ministro inglés disuelve el Parlamento, va a tomar té con la reina y le pide que, por favor, lo postule a él  para que constituya de nueva cuenta, lo que él mismo deshizo.

Algo similar pasará en Canadá, me dije. Al cabo, en términos formales, Canadá sigue siendo súbdito de la corona. Así pues, me imagino que cuando Harper sepa que puede ganar las elecciones: disuelve el parlamento, obliga a una elección y llega a Buckingham (o a una réplica que tendrán en Ottawa) con los resultados de las urnas:

“Let’s reopen it, dear.”

“Chin Chin.”

Pero no, no es así en Canadá. Harper no fue el que disolvió el Parlamento. O quizá sí lo sea. Al parecer, Harper será el que gane de nuevo. O mejor dicho, no tengo ni puta idea. ¡Qué alguien me explique! En menos de siete años, estos alegres habitantes de la pradera han disuelto el parlamento ¡cuatro veces! Estos serenos benefactores del freedom establishment, estos amabilísimos descendientes de las utopías y el puritanismo, han despertado a la bestia ¡cuatro veces en los últimos siete años!

Entonces me puse a pensar, ¿quién es, realidad, el que decide semejante cosa? ¿Es Harper, la reina, los partidos de oposición, el Bloque quebequense? No, nada de eso. Es la creencia de que cada opinión importa, influye, ayuda a algo; es la necesidad de saber que un cambio es posible, deseable, necesario; es la rabia y el placer de quien tiene, por un momento, el poder de decisión. Es Leviatán. El mismo que ahora está devorando las almas de millones de gentes en Medio Oriente, y quien ha devorado, sin conmiseración, las almas de estos canadienses que no pueden dejar de abrirle las compuertas, con febril histeria, cada par de años.

“¡Di nuestro deseo, expresa nuestra voluntad, oh supremo e inmisericorde Leviatán!”

Silencio. La bestia digiere las boletas electorales. La bestia pone el culo en el anillo del caos (o el gobierno belga), abre la boca y dice:

“¡El ganador es…!”

Y así será siempre, hasta el día que la maten o que ella nos mate a nosotros.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Leviatán

  1. Pablo dijo:

    De tu texto se puede deducir que Paris Hilton es el Leviatán. Siempre lo he sabido, y me decían loco…..

  2. Aletz dijo:

    Cuidado Pablo, esa es sólo una de sus caras…

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