Aprender a vivir en la nieve

Aletz (Montreal)

Desde que a Borges le impresionó muchísimo que en todo el Corán no se mencionara una sola vez a un camello, ya los rusos de las novelas no beben vodka, los mexicanos no comen taquitos ni garnachas, y los gringos no dicen freedom. O si lo hacen, o lo dicen, es de manera irónica, al deuxième degré. Llevo un año viviendo en Montreal, y lo que veo desde finales de noviembre hasta inicios de abril, es nieve. Me gustaría olvidarla como en el Corán se olvidaron de los camellos, pero sí lo  hago, me bloquea la salida de la casa, o me arruina las bicicletas dejadas a la intemperie o simplemente me mata de un resfriado. Montreal es blanco, y no decir eso es una falta a la verdad, y este post, señoras y señores, ama la verdad más que a la ironía.

Así que empecemos con los hechos. Para la gente que se mueve en coche, Montreal debe ser un infierno (y qué bueno que así sea). Número 1. Cepillo para remover la nieve; 2. Espátula para el hielo de los vidrios; 3. Llantas de invierno; y 4. Calma mucha calma, porque toma tiempo desenterrar el coche de las murallas de nieve que pueden formarse de la noche a la mañana, y además existe la posibilidad de que esto no baste, que a pesar de haber desenterrado el coche (con palas, que olvidé incluir en la lista, o sea, ya vamos en 5), esto no sea suficiente y entonces se deba solicitar la ayuda de un extraño. Me ha tocado hacerla de samaritano dos veces. Ahora, si escucho un motor en la cercanía, ya sé cómo doblar el brazo para fingir luxación.

Lo mejor, como todo mundo sabe, es andar a pie. Y para hacerlo sin riesgo, es necesario comprarse un par de zapatos especiales, fáciles de identificar del resto porque son como dos pequeños tanques (también hay zapatos con apariencia de ser normales e inofensivos,  pero en esos casos, es muy probable que cuenten con un elaborado mecanismo térmico instalado en suelas y paredes, para el cual es necesario informarse con el vendedor). Lo más fácil es escoger un par de tanques, y para irse más a la segura, agregarle un sistema de tracción, que ya viene con instructivo adjunto, y se vende en cualquier farmacia de la ciudad. Este equipo de caminata es infalible contra el frío y los deslices, y salvo el minuto y medio que toma su instalación (para el sistema de tracción basta con instalarlo una vez comenzado el invierno), es lo mejor que han inventado los montrealenses para salir a la calle. Si hay algo que el montrealense ha logrado dominar a través de los años, es la caminata en la nieve y el olor de sus pies. La primera le sirve para no morir de un resbalón o una neumonía, la segunda para socializar. Una vez en casa de los amigos, ¡fuera máscaras! Los zapatos se quedan en la entrada de la casa, y el resto depende del buen lavado, el talco de pies y la selección de calcetines del día. Son muchas las amistades y los amores que no han logrado cuajar debido a un hongo en los pies.

Por último, es necesario hablar de un cambio más general que aporta el hecho de vivir en la nieve. No hablo de psicología, porque desconozco el tema y respeto sobradamente a todos aquellos que ejercen y dominan dicha técnica. Hablo de un cambio físico, concreto y tangible. Cuando se han comprado todos los aditamentos necesarios para salir a la calle, (que incluyen chamarra de pluma de pájaro y capucha con borde felpudo, ropa térmica o calzón largo, guantes, bufanda, doble calcetín, y gafas oscuras en caso de haber mucho sol), uno respira profundo, alza la mirada al cielo y cree que todo irá a salir bien.

Pero entonces, uno o dos días después, empieza la comezón en la piel, los labios secos y la nariz sangrante. Las hemorragias nasales se deben a la resequedad del ambiente, y lo mejor que debe uno hacer en esas circunstancias, (según me dijo un doctor que tuvo la gentileza de dejar su cerveza y atenderme después de media hora de hemorragia en un bar) es bajar la cabeza y esperar. De otra manera, se corre el riesgo de tragar una cantidad excesiva de sangre que puede originar en más problemas. Bajar la cabeza y sangrar como borrego halal.

Así pues, a pesar de que esté siempre ahí, de que sea algo consubstancial a la manera en que se vive la ciudad, y de que hacerlo sería enfatizar lo evidente, es necesario mencionar a la nieve cuando se habla de Montreal. Hay gente sangrando de la nariz en el baño oscuro de un bar preguntándose hasta cuándo; hay gente con pies agrietados y entumecidos preguntándose qué han hecho para recibir ese dolor; hay gente a quien le apestan los pies en una cena romántica preguntándose por qué sólo a ellos les pasan estas cosas. Y es necesario responderles con la verdad.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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6 respuestas a Aprender a vivir en la nieve

  1. elisa dijo:

    Jajaja, Alex siento que sigas con nieve, aquí estos días han sido extraordinariamente cálidos y soleados, todos esperamos la venganza gris, pero mientras disfrutamos…

  2. pdmps dijo:

    Querido Alex! Qué lindo recordar esas vivencias a través de tu nota ^^ Es como vivir en “Fargo”, a poco no? ^^
    Para disminuir el número de sangrados nasales, sugiero que uses algo que te tape boca y nariz cuando caminas (pasamontañas, tapabocas rígido de doctor) para humedecer tu respiración con tu propio baho. Y si puedes, pon un humidificador en tu casa (tupper con agua también funciona).
    Me tocó ver latinas con la piel quemada por frío: de nuevo, pasamontañas y alguna crema a base de “beurre de karité -o similar son indispensables-.
    Y lleva tu talco de pies con una muda de calcetín como las madres llevan pañal de cambio en la bolsa…

  3. Aletz dijo:

    gracias por los comentarios y las recomendaciones! Aquí seguimos con la nieve, al parecer hasta finales de mes.
    un abrazo!

  4. “Benditos los aurelianos
    que perdieron mil batallas
    contra el invierno”
    -Joaquín Sabina

  5. Alexander dijo:

    jajaja, muy bueno, términos muy cómicos para las dolencias que causa el medio ambiente en estos pobres seres inadaptados que somos. Sea nieve, agua, sol, en cualquier lugar del mundo se encontrará un inoportuno hongo en los pies.

    Saludos desde Bogotá.

  6. Pingback: ¡Feliz cumpleaños! | Siete Ciudades

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