De Madrid a París. Ellas…

Pablo (Madrid)

Es lunes y no estoy en Madrid. Estoy en otra de las siete ciudades, en casa de otro de los siete escritores, tecleando su ordenador y con su gato negro de ojos amarillos mirándome como si amenazara su territorio. Por ello, hoy no hablaré sólo de mi ciudad, pues además de visitar unos días París, antes viví en ella.

Estoy harto de que aquí siempre haya poco sol y demasiados parisinos. Creo que nadie les ha dicho nunca que vocalizan muy poco, y que si lo hicieran igual la gente les entendería mejor. Aunque en el fondo creo que les gusta no sentirse entendidos para reforzar el halo de superioridad con el que actúan en muchas ocasiones. En esta ciudad para abrir una cuenta bancaria te piden una dirección y para alquilar un piso te piden una cuenta bancaria, lo que hagas en el proceso seguramente será ilegal. Las nubes son recias y tenaces, las distancias son eternas, la amabilidad escasa y la cercanía de los autóctonos casi imperceptible. Aunque de toda esta maldita ciudad lo que de verdad no soporto es que consiga destrozarme las zapatillas cada vez que voy.

En cambio, Madrid me quiere, me cuida y me lee un cuento antes de acostarme. La gente sonríe más, hay más rock y somos campeones del mundo. Buscar un piso no implica tener pesadillas, el metro es más largo y menos ruidoso, las chicas no parecen maniquíes y no necesitamos un eslogan de liberté, égalité, fraternité para maquillar nuestra realidad y vender patriotismo.

Una vez estuve con una chica tipo París. Con el tiempo, con una tipo Madrid que duró más. De la primera se podrían enumerar interminables defectos y de la segunda agradables virtudes, una era vertiginosa y la otra más pausada, una era mucho más bella y la otra mucho más simpática, una magnética y agotadora, la otra llevadera. Con la primera nunca podría tener una relación estable, pues aunque la disfruté mucho, con el tiempo siempre me acababa sacando de quicio. Sin embargo, nunca he dejado de verla y de caer al final en los mismos deliciosos errores de siempre, en nuestra locura impredecible, en nuestra intensidad. No sé nada de la segunda chica desde que la dejé, ni me he preocupado por ello. A esta la amé más pero a la primera la amé mejor.

Madrid me gusta pero a París siempre acabo volviendo, con o sin excusa, con o sin casa, con o sin zapatillas nuevas, la he dejado una vez y varias veces, siempre la estoy dejando, lo he hecho tantas veces que me pregunto si de verdad la aprecio. Aunque al final siempre la acabo abandonando una vez más. Cuando nombran Madrid sonrío con la boca, pero cuando oigo París lo hago con los ojos. Con la primera he tenido infinitas discusiones, con la segunda sólo unas pocas. En Madrid estoy bien, así, bien, pero quién sabe si cuando me vaya me sentiré tentado a volver. Lo meditaré en el barrio latino.

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Madrid y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a De Madrid a París. Ellas…

  1. Aletz dijo:

    Le diste al punto!! Salud!

  2. elisa dijo:

    Pablo, qué bonito post, me encantó!! Saludos…

  3. Alexander dijo:

    Que analogía tan bacana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s