Quebec es triste

Aletz (Montreal)

Nada más triste que vivir en Barcelona Venezuela, Londres Canadá o París Texas, esto lo sabía Wim Wenders y por eso usó esta última ciudad o pueblo como título de una de sus películas más dramáticas. En estos lugares el peso de los cuatrocientos o trescientos años de colonización está más presente, haciendo temblequear las piernas de quien debe enviar una postal, llenar un formulario con nombre y dirección o simplemente responder a la pregunta banal de dónde vive. A Augusto Monterroso solían preguntarle, quizá a manera de broma, o con muy mala leche, si Centroamérica iba a lograr en los siguientes años lo que los griegos con los romanos, es decir, si iba a colonizar a su colonizador. Monterroso, sabio como siempre, respondía: a Centroamérica todavía no terminan de colonizarla. Y lo mismo podemos decir de muchos lugares en América, uno de ellos, la ciudad de Quebec.

Sí, la ciudad es la más bella de todo el estado, la ciudad es uno de los primeros asentamientos europeos en toda Norteamérica, anterior a Boston y Filadelfia. Quebec es quizá, la única ciudad americana en la que los europeos (franceses) e indios (hurones) progresaron juntos. El año en el que los franceses decidieron jugarse el todo por el todo e instalarse en estas tierras, fueron los hurones quienes los medicaron durante todo el largo invierno para que no se les murieran de neumonía. Después les tocó luchar juntos contra los indios iroqueses y los ingleses, ambos, como todo mundo sabe, depredadores sin moral. Y ya sabemos cómo terminó esa historia.

Quebec es una ciudad épica, y por lo mismo sería mejor que estuviera en ruinas, como Pompeya, o fuera un mito como Troya. En cambio, es el lugar donde los jóvenes gringos van a practicar su viaje a las Europas. En invierno y en verano, sin importar heladas de menos treinta grados, su casco viejo se encuentra invariablemente invadido por turistas que la recorren a la caza de una camiseta que se burle del frío, un sombrero de castor o el mejor ángulo para la foto del castillo Frontenac.

Sí, lo mismo sucede en México, con ciudades como Oaxaca y Guanajuato. Lo mismo sucederá en Cartagena, Colombia, y otras tantas ciudades de América Latina. Y lo mismo sucede en Europa. Pero en las grandes ciudades europeas estamos frente al original, bajo cuya gruesa capa hormiguea un pueblo más o menos autóctono y creativo; en las ciudades coloniales de América latina, la pobreza periférica promueve el arte y el ideal picaresco de estafar o ligarse al turista —lo cual en muchos casos es lo mismo. Quebec, en cambio, es sólo tristeza. Esa enjundia que pudo haber mostrado en un inicio, cuando franceses y hurones transaban cien pieles de castor por dos rifles, una lancha, o una hermana, se ha ido. Esa autenticidad que sólo se gana cuando no se piensa en “lo bonita que está la ciudad”, no está en Quebec, y sí en cambio, en Montreal, la cual ha entregado su Viejo Puerto a los turistas y ha hecho del resto una Meca para las universidades, los cafés y los peeping shows.

Y ahora son los franceses los que llegan en hordas a Montreal. Llegan en busca de lo novedoso, de lo que es europeo y a la vez no, de lo que han visto en series de televisión, películas y ahora quieren ver en vivo.

A Quebec, en cambio, siguen yendo los que perdieron su vuelo a Europa.

ps. Debo aclarar que he ido dos veces a esta ciudad. La primera, hacía un frío de menos treinta grados (sin considerar el viento), llevaba sólo un par de calcetines y zapatos con suela delgada, y tuve que festejar con amigos de amigos lo que se suponía era un carnaval. Lo sobrellevé con grandes dosis de alcohol que, al parecer, me convirtieron en el hazmerreír de la gente (lo cual, en un carnaval, ya es un decir). La segunda ocasión, obligué a Deniuchka, Cone y Abelardo a que nos detuviéramos un par de horas en la ciudad (veníamos de pasar un fin de semana en el campo), porque quería ver el partido México vs Argentina, del Mundial. El partido terminó 3-1, con gol de consolación para México. Mi relación con esa ciudad está pues, condenada. No pienso volver, ni sobrio, ni con nada encima. Que otro cante sus primores.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Quebec es triste

  1. el cone dijo:

    Hey Aletz, creo que tienes que darle otra chance, yo se que la primera vez dudaste de tu francés cuando te dieron a escoger el tipo de pan y la segunda por que a México lo descalificaron. Pero dicen que la tercera es la vencida.
    Saludos.

  2. Aletz dijo:

    vamos pues por la tercera Cone!! Pero tú hablas con los meseros y que no sea durante la Copa de Oro y la Copa América.
    Un abrazo

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