Por respeto

Pablo (Madrid)

Cuando Li Xinyue fue a retirar todos los fondos de su cuenta corriente del Banco Santander, el hombre que receloso hizo la operación le preguntó cuál era el motivo de su decisión. “Por respeto” dijo ella.

Esa mañana el ICBC, el banco más grande de China, había abierto una sucursal en el número 3 del Paseo de Recoletos y Li quería ser una de las primeras en verlo y en depositar su dinero y el de su empresa allí, aunque el de su empresa lo haría por internet. Al entrar a mitad de mañana sólo vio rostros de ojos rasgados, no había ningún español allí y parecía que bastantes compatriotas suyos habían tomado la misma decisión de sacar su dinero de los bancos españoles para depositarlos en el chino. Antes de abrir su cuenta tuvo que hacer más fila de la que había imaginado y en esos instantes de espera vino a su mente el rostro taciturno de Jaime, un amigo colombiano que regentaba un locutorio de llamadas baratas al extranjero enfrente de su tienda de alimentación. Li había descubierto hacía poco con sorpresa que el tipo de tienda que poseía recibía antes el nombre de ultramarinos, pues desde que ella había llegado sólo escuchaba a la gente referirse al establecimiento como “los chinos”.

Jaime le había contado que quería invitar a España unos días a varios amigos suyos, que se quedarían en su casa. Para que la embajada española en Bogotá les concediera el visado que les permitiera entrar en el país tenía que hacerles llegar una Carta de invitación oficial, expedida por la Policía. Al ir a la comisaría creyendo que con el contrato de arrendamiento y los papeles que le acreditaban poseedor de un negocio sería suficiente, la Policía le dio una negativa y le extendió una hoja con toda la documentación que debía aportar. La lista era tan larga y tan burocráticamente compleja que para cuando hubiera conseguido todos los documentos ya habría pasado la fecha límite de petición del visado, que debía ser un mes antes de la fecha prevista del viaje de sus amigos. Luego le dijeron que tras presentar todo eso debía pasar una entrevista personal en la que, como se enteraría más adelante, iban a poner en sospecha todo lo que había entregado e iban a interrogarle casi como a un delincuente.

Al explicarle todo esto a sus amigos, decidieron entre todos reunir toda la documentación exigida y luego ya comprar los billetes de avión y pedir el visado. La visita no era urgente y no querían causarle ningún problema.

La noche anterior a la apertura de la sucursal, Jaime le había comentado a Li que le estaba resultando complicado conseguir el certificado de la Comunidad de Propietarios a la que pertenecía y donde se especificara el número de personas que convivían en su casa, pues el Presidente de la Comunidad estaba siempre de viaje. Y ese era sólo el primer documento. Pensaba que a ese paso la espera se haría eterna.

Li repasó minuciosamente con la mirada la estrecha sucursal, los mostradores de un blanco tenue contrastaban con las sillas negras y los ligeros ribetes rojos que completaban la decoración. Había entrado un español, el vigilante de seguridad. Los folletos y carteles de promoción estaban en dos idiomas pero sólo podía fijarse en los caracteres chinos. Li detestaba los bancos pero cuando sólo quedó una persona delante de ella en la fila se sintió ligera, segura, calmada y por fin acogida sin burla, sin ser “la china” o sin tener que improvisar un nombre español –Sara, por lo general- porque la gente nunca se esforzaba por recordar el suyo.

Al salir se dirigió a un ultramarinos distinto al que poseía y compró la botella de whisky más cara que vio. Ya en su tienda escribió una nota, la metió en un sobre y la pegó en la botella. Se acercó al locutorio y se la regaló a Jaime haciéndole un gesto para que la leyera.

`Algún día nos necesitarán, e implorarán que nos quedemos, y ese día todo serán facilidades, incluso súplicas. O hasta demandarán que les acojamos en nuestros países. Y cuando llegue ese día beberemos de este whisky para celebrarlo, porque hoy he descubierto que no está tan lejos´.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Por respeto

  1. Ximeno Ximenez dijo:

    no, no esta tan lejos, es mas esta muy cercano, ya que el RESPETO a los valores, los derechos, y las normas de convivencia comercial,( horarios, precios, royalties y un largo etcetera), jamas ha estado presente en la incorporación de los “chinos” y otros similares a nuestro sistema.
    Dando como resultado un deterioro continuo e imparable del mercado laboral, hoy son los puestos de baja calificación, los que ya están ocupados por “ellos”, ya que son capaces de trabajar dos e incluso tres por lo que antes lo hacia un Español. y claro quien se “resiste” a tal chollo. pero pronto serán puestos calificados ya que gracias al sistema sus hijos están estudiando GRATUITAMENTE, y en breve serán: médicos, abogados, periodistas…y un largo etcétera con un denominador común con los anteriores trabajaran MAS BARATO. y claro en breve veremos y sufriremos como los derechos sociales, los logros que han costado muchos años, mucho sudor e incluso mucha sangre, se habrán ESFUMADO. pero eso si seremos muy solidarios.
    Ellos ya lo son y lo demuestran en cuanto han abierto un banco de SU PAIS…..se llevan también nuestro dinero. y pronto ( en eso tiene razón tu amiga la china ) todo serán suplicas….porque FACILIDADES no pueden pedir mas.

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