Y me quedé, como un duende, temblando…

Chuy (Ciudad de México)

Sentado frente al monitor leo por segunda ocasión el mensaje recibido, sin reaccionar todavía ante la inusual naturaleza de esta invitación-reproche.

Se me ha invitado a decir algo, a tener espacio abierto a la reflexión, la anécdota y hasta la moraleja y el albur.

Al mismo tiempo se me reprocha no haber aceptado antes. Resulta extraño que alguien sea invitado a decir algo en momentos en que todo mundo parece estar ansioso de hacerlo,  sobre todo por los recursos del internet, como si el comentario de George Berkeley de que “existir es ser percibido” fuera recuperado –y vaga y convenientemente adaptado–del siglo XVIII.

Y resulta más extraño aún que sea invitado a opinar, a comentar, alguien que desde hace tiempo había llegado al punto de no querer decir nada, de no ser “percibido”.

Debido a la abrumadora apertura de los medios de comunicación, que ofrecen al mundo cuanta chaqueta mental decide compartir fulanito o menganito, y frente a la capacidad y variedad de difusión, su servidor había tomado la decisión de convertirse en público –ya lo era, pero ahora con mayor énfasis, casi comprometido con el rol–, en lector, espectador y, a veces, testigo casual.

Dos personas me llegaron a la mente. La primera, Javier Solís, que en una de sus canciones -Sombras– suelta una de las más extrañas frases en la historia de la música vernácula mexicana.

Sin embargo, esa frase se ajusta, ya despojada del melodrama de su contexto original, a mi postura ante este reto.

La segunda persona, Perre Gimferrer, decía que “la novela es la leyenda del presente, y también su profecía”.  Ante la fuerza expresiva de ese género, los textos en el internet –en foros, redes sociales, blogs, etcétera– pueden ser interpretados como una ligera charla de café, inocente y vaga en apariencia, pero gradualmente igual de poderosos y necesarios que la novela.

En ocasiones, los comentarios publicados en la red me recuerdan los argumentos que planteaba ante los alumnos universitarios en la tarea docente de subrayar la importancia de un curso de Pensamiento Crítico.

En un artículo de su Defensa apasionada del idioma español, Alejandro Grijelmo compara la gramática y la gimnasia al considerar que ambas ejercitan un músculo. El autor cierra con la idea de que el hábito de la escritura –gramaticalmente correcta– representa un entrenamiento, el ejercicio de calentamiento que el atleta realiza antes de competir.

Es eso, precisamente, lo que se realiza en la red. Desconozco si para bien o para mal, pero los foros, blogs y redes sociales han hecho “digna de publicación” toda calistenia intelectual hecha por ese mismo fulanito antes de decidirse –si es que lo hace– a escribir algo “profesional” en su intento por, siguiendo a Grijelmo, “acceder a estudios de razonamiento y cultura más avanzados”.

Resulta curioso, además, que en muchos casos, tales “atletas” consideran enriquecedora, sui generis, cada una de sus sentadillas mentales –sin albur– de los últimos años.

Sólo espero que, en mi caso, este espacio se convierta en escenario de partidos oficiales, de competiciones reales –o al menos de exhibición. Espero, además, no tener que abandonar el terreno de juego sufriendo severas contracciones musculares o, peor aún, un desgarro cerebral.

La analogía

Teseo, presidente de México, consultó al oráculo de Delfos en Washington en su intento por “combatir” al crimen organizado. Ahí,  la princesa Ariadna Rodham Clinton le revela la clave para entrar y salir victorioso de su “guerra” en Creta, pequeño poblado tamaulipeco. La acción es obvia: Teseo deberá dejar un rastro de cocaína mientras entra a las laberínticas brechas del crimen organizado en el norte del país.

Una vez en el centro, se ve en la imperiosa necesidad de negociar con un Minotauro buenísima onda que lo espera sentado en el patio de su hacienda vistiendo una playera tipo polo marca Ralph Lauren. A su salida, Teseo se pierde –ese es, en realidad, un deseo personal– al no encontrar el rastro.

Al día siguiente, la Policía Federal presenta ante los medios a siete doncellas y siete jóvenes –severamente golpeados–, para posteriormente arraigarlos, por su presunta participación en el robo de la droga.

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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3 respuestas a Y me quedé, como un duende, temblando…

  1. elisa dijo:

    ¡¡Chuyyyy bienvenido!! esperemos que a nadie le de un torzón o calambre durante los calentamientos, estoy muy contenta de que entrenes con nosotros. Será muy vigorizante y estimulante tu unión al equipo. Un abrazo.

  2. Aletz dijo:

    Bienvenido Chuy!!

  3. Pingback: ¡Feliz cumpleaños! | Siete Ciudades

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