Cosmética de los monos

Guille (Paris)

¿Conocen la plaza Republique? Es horrible. Y para peor, está en el centro de Paris. Otro centro feo sería Les Halles. Repulsivo, sobre todo por los monos: Dicen que los trajo un viajero, a principios del siglo pasado. Era sólo una pareja, que se escapó de los brazos de su dueño y se escondió en un hueco. Pero ahora son cientos, miles, negros. Además, han cambiado de proporciones y algunos alcanzan los dos metros.

Sus costumbres: Hace unos días pasaba por la calle Rambuteau y dos monos estaban violando una nenita. Otros dos tenían a la madre y un tercero metía la cabeza adentro de la cartera, no sé si para protegerse las orejas del frio o para buscar monedas. Un mono de pelaje rojo tenía las piernas de la chiquita rubia y otro, negro, la penetraba. Gruesas marcas de saliva de mono caían sobre la cara de la chica, que estaba roja como una herida. El mono gritaba, gritaba. Y empezó a mascullar palabras humanas: “Puta” “¿Te gusta, eh?” Cuando el mono terminó, la chica ya estaba muerta. La tiraron lejos, a las puertas de un negocio. El mono se limpió con unas hojas de diario que encontró en el piso y subió con una velocidad asombrosa a las ramas más altas de un árbol. Los otros se pusieron a ultrajar a la madre, hasta que uno le dio una patada en la cabeza. Y creo que fue ese golpe el que la mató, pero quedó un rato largo temblando en la peatonal. Uno de los monos le robó la ropa y se la puso él. Ese travesti deformado y gritón, agarró los cosméticos esparcidos por el piso y se pintó la cara, el pecho, las piernas. Y subió a unas ramas también.

Yo seguí caminando, porque vi que los monos ya habían saciado su deseo, y que no había peligro. En un borde vi la billetera marrón de la señora. La tomé, había solamente cincuenta euros, era mejor que nada.

Ah, el dueño del negocio de enfrente empujaba los cuerpos con una escoba. La madre y la hija quedaron como un montón irreconocible en un rincón. Habían dejado una caprichosa huella de sangre, que el propietario del local limpió. Los monos no lo atacan porque él les da comida, estoy seguro.

Recuerdo haber leído que algunos monos de la plaza Les Hallles han desarrollado una nariz humana  los que le da un extraño aire elegante. Sin embargo, no hay ninguno que opte por una posición completamente vertical, creo que manteniendo los brazos largos contra el piso pueden darse más impulso para atacar. De noche, duermen hechos una bola en las ramas. Parecen una decoración tenebrosa de navidad. Son muy grandes y muy pesados, no sé como los soportan las ramas.

Las mascaras que se hacen con piel (de sus victimas) están tejidas con sus propios pelos. También se hacen chalecos de piel. Su gusto estético es dudoso pero aman el color rojo.

A veces cortan a los transeúntes que han tenido el infortunio de caer en sus brazos en pequeños pedazos. Los cortan con los dientes, quedan pedazos irregulares que ellos usan para decorar su fisonomía.

Pero esta vida salvaje los enferma y mueren jóvenes. Vomitan desde las ramas, caen. Sus cuerpos se descomponen rápido.

Cerca de la iglesia, amontonan los cadáveres de monos. Muchos de ellos se sirven también si tienen hambre.

Los comerciantes de la zona están indignados porque las ventas bajaron tanto que están arruinados.

Anoche entraba en mi casa: En la pared del living unas inscripciones inentendibles, y un mono gigantesco sentado en el piso. De la boca le colgaban esos gruesos chorros transparentes. Llenaba toda la alfombra.

Parecía pequeño y  sin embargo era de dos metros casi y el pelo negro, grandes ojos celestes. Tenia el cuchillo, cerraba  y abría los ojos celestes.

Me llevaron arrastrando hasta una camioneta, antes de subirme me dieron una paliza. ¿Por qué a mí? Yo era una víctima arbitraria mas. Había muchos, los arrojaban a una pileta, un hueco que habían hecho en el centro de la plaza.

No sé como me maniataron. Pero me dolían mucho los codos, me ardían.  La cárcel era pequeña y con un hueco al medio, relleno con piedras. Pensaba que llegado el momento podría escapar sacando las piedras.

Entró uno para ocuparse de mi.  Trabajaban con botellas rotas que les cortaba las manos, pero parecían insensibles a las heridas superficiales, de hecho estaban llenos de cicatrices

No pensaba que tuvieran un monstruo en  la pileta. Era rojo y tenia brazos con guantes de boxeador, se  los habían puesto para que no se lastimara solo con el filo de sus dedos.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Cosmética de los monos

  1. Dorian Gray dijo:

    Camino por las calles y solo veo ¡monos y más monos!

  2. Hugo dijo:

    un poquito racista ¿no?

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