Aventuras de la señorita Burca, hoy “Pelea contra un dragón”

Guille (Paris)

Al señor Kebab le salió un grueso bigote sobre lo que debía ser su boca, y ahora usaba anteojos. Sus secuaces eran conejos blancos de dos metros de alto, que él mismo había creado en el laboratorio. A uno de ellos lo llamaba Dexter, era un conejo asesino. Tenía tanta destreza quitando vidas que incluso a veces pensaba que podía sacarle el puesto de cabeza del mal. Pero el conejo no tenía ambiciones, se contentaba con el asesinato frio. Otro de sus acompañantes era el Watson y claro, no era un conejo.
Los tres se habían quedado hasta altas horas de la noche, dando vueltas alrededor de un escritorio rectangular. Hasta que decidieron el golpe.
Se apoderaron de la luna, la pusieron en una gran jaula. Citaron a la señorita burca a pelar allá. Usaban un cráter como ring. En el medio los dos, de un lado el señor Kebab, dorando y con sus anteojos. Miren, la señorita burca, hermosa debajo de una tela negra. “
Alrededor hay pirámides que Watson construyó con la ayuda de los conejos. Adentro, están mal iluminadas, en el interior, en el frio, es como otro tiempo. Pero hay miles de conejos trabajando. Han cavado y vaciado toda la luna, instalado en ese enorme espacio su morada, su fábrica, y su bunquer. Sostienen todo con maderas, kilómetros y kilómetros. La luna es ahora un barco, porque dos cráteres se abren y salen remos gigantesco. Miles de conejos se pusieron a remar, con lo que la luna se alejó.
Mientras en el cráter central comenzaba la lucha.
No habíamos dicho hasta ahora que la Señorita Burca había perdido el brazo derecho: Se lo había comido un perro, en una pelea. Pero su destreza en el brazo izquierdo compensaba con creces esta falta.
Kebab disparó unos rayos blancos que se sucedían en su mente con la velocidad de un parpadeo y salían de sus ojos, se perdían y sacudían todo.
Cada uno tenía un libro. La señorita Burca el libro del bien, que regia sus acciones, el señor Kebab el libro del mal.
Esa noche, junto a Watson y Dexter, Kebab buscaba con su dedo desarmado y colgante la lección del mal, y encontró la llave sobre una hoja anexa para asesinar de una vez por todas a la Señorita Kebab y asi apoderarse del libro del bien, que había buscado desde su nacimiento, en un laboratorio de banlieu. No sabía por qué, lo buscaba, era un impulso. A veces imaginaba que con los dos reversos del libro podría ser alguien normal.
El mounstro brillanico, pensando en cómo caería la jaula sobre la burca, su mente se conectaba con el corazón de la luna, donde miles de conejos trabajaban. Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón rojo, que tenía dos cabezas erizadas de cuernos. Con su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.
Y ella dio a luz un hijo varón, pero fue arrebatado para Dios. La mujer huyó al desierto. El señor Kebab estaba inmóvil en el centro del cráter-ring, manejando todo con las pulsiones de su cerebro. Primero los barrotes de la jaula se transformaron en afiladas cuchillas y saltaron sobre el cuerpo de la señorita burca, ella los esquivo a todos con movimientos milimétricos. Después hubo una gran batalla en el cielo: La señorita burca luchaba contra el dragón. Entonces oímos una gran voz en el cielo, que decía: “El mounstro brillanico, pensando en cómo caería la jaula sobre la burca, su mente se conectaba con el corazón de la luna, donde miles de conejos trabajaban. Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón rojo, que tenía dos cabezas erizadas de cuernos. Con su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.
Y ella dio a luz un hijo varón, pero fue arrebatado para Dios. La mujer huyó al desierto. El señor Kebab estaba inmóvil en el centro del cráter-ring, manejando todo con las pulsiones de su cerebro. Primero los barrotes de la jaula se transformaron en afiladas cuchillas y saltaron sobre el cuerpo de la señorita burca, ella los esquivo a todos con movimientos milimétricos. Después hubo una gran batalla en el cielo”
Le salieron a la señorita burca dos alas de águila, para que volara delante del dragón. Y el dragón arrojó de su boca fuego como un río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues abrió su boca y tragó el fuego. Entonces el dragón se llenó de ira contra la tierra y quiso comerla. Cuando abrió su boca la señorita burca le arranco uno de los dientes y con un golpe lo arrojo sobre el planeta tierra, cayó en el mar y corrió para matarlo la siguieron los conejos (que abandonaron la luna) el señor kebab, Watson y Dexter.
Nadie  podía hablar mal de los bañeros, ellos corrían por la playa, salvaban a la gente, tomaban helado mirando la arena. Ahora el mar vomitaba unos enanos verdes vestidos de smoking, pedazos de dragón. Y ellos violaban a las chicas, las embarazaban de enanos que les salían por las bocas. Las tortugas nos ayudaban que salían de huecos en la arena ayudaban a los pedazos de dragón.
La señorita Burca abrió un caparazón y sacó un vaso de whisky. Se quedo mirando el crepúsculo, mientras que el agua se llenaba de triángulos negros. A veces cuando el agua se sacudía se veían los ojos de los tiburones.
La señorita burca se sentó en una reposera y los tiburones empezaron a comerle los pies.
El agua se levantó como un castillo. Se transformo en un gigante. Tomó a la señorita burca y la guardó en un bolsillo. Sopló borrando a todos los asesinos y volvió a acostarse donde se agitaba antes.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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