Árbol de tinta

Harold (Bogotá)

Hace unas horas, en la mañana, me detuve frente a una de las grandes librerías de la ciudad. Estuve ojeando a través de los cristales sin mucho interés, cuando de repente encontré un título que me dejó perplejo: “Arroz en el infierno”. Me reí a carcajadas bajo la insidiosa mirada de los transeúntes que no podían disimular pequeños y escrupulosos atisbos de sospecha. Me reí aún más, cuando me acerque un poco a la vitrina y observé que lo que yo había leído como “arroz” era en verdad “amor”; me reí porque de inmediato uno suele hacer las conexiones más insospechadas, y lo que yo me había imaginado como un manual de cocina para oscuros esbirros de los mundos infernales se me convertía en una novela sobre los intrigantes amasijos de ultratumba. Yo pensaba en el arroz de las bodas y en cómo no eran excluyentes los dos títulos que había leído. Todo muy absurdo, como se puede pensar. No sabré sobre qué trata el libro en realidad; a mí me gusta pensar que se tratará de algún olvido de Swedenborg o a lo sumo de un capítulo fraguado para alguna mitología, pero sé que no es así. Luego observé otros títulos más prosaicos (“Por qué le pasan cosas malas a la gente buena” o “Cómo hacer para que la plata le rinda”) con los que no había conexión posible.

La anécdota sirve para introducir una librería en la que esas absurdas conexiones son comprendidas y alentadas. Y los son porque en el modesto catálogo de la librería no es imposible encontrar títulos extravagantes que aparte contienen ideas insospechadas. Árbol de tinta es una pequeña librería, rodeada de muchas otras pequeñas librerías, ubicada en el centro de Bogotá. A ella se llega más escuchando que buscando la dirección, y no pretendo hacer una metáfora de cómo el rumor de las palabras nos lleva a ella, sino que, en verdad, sabemos que estamos cerca cuando el inconfundible sonido del Death Metal más crudo nos asalta por sorpresa. Alejandro, un sociólogo, que decidió vender libros, se ha esmerado para que en su modesta librería cualquier lector honesto encuentre muy buena literatura y no sólo libros. Por ello, es bastante común que una simple visita para buscar, digamos, Kafka, resulte en una tertulia de horas en la que los temas más diversos pueden surgir. Ocasionalmente se acercará un anciano que trae tinto en un termo y la tertulia se extenderá más de lo que uno había previsto. Allí escuché por primera vez de Lord Dunsany y de Felisberto Hernández; es, tal vez, la única librería bogotana donde uno encuentra a Klossowski (y en francés) y a Claude Vignon. Pero lo más importante es que uno jamás sale decepcionado de ir a la librería, ni siquiera cuando va sin dinero, sólo por ir, sólo por escuchar las leyendas de los libreros que tenían comunidades insospechadas en los sótanos del centro, o cuando Alejandro compara traducciones y editoriales de libros fascinantes que uno nunca ha visto. En fin, este post no es más que una invitación a que, si viven en Bogotá, se pasen un día por Árbol de tinta, si no, a que frecuenten el blog donde hay muchas reseñas de libros preciosos y olvidados, de libros desconocidos que quizá nunca podamos leer, o del libro que todos tenemos y releemos con mucho cariño.

Árbol de tinta: libros viejos, nuevos, raros. Cra 8ªA nº. 15-94 local 2-1
http://arboldetintalibros.wordpress.com/

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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5 respuestas a Árbol de tinta

  1. Anónimo dijo:

    Gracias por el dato! JAJAJA

  2. Aletz dijo:

    Imaginé un infierno de chinos! Luego un paraíso perdido, a lo menos en esta parte del mundo, donde las tertulias, si se dan, se dan en internet. Felicidades a Árbol de tinta!!

  3. Nina dijo:

    “Arroz en el infierno” qué buen tìtulo!!!! jejej, hay que venderselo a los creadores de “Quién se ha robado mi queso??” Gracias por este post tan ingenioso Harold!

  4. Dianita dijo:

    En Bogotá pasa de todo, imagine un infierno de bolos lleno de chinomaticos comiendo arroz porque ¡el pollito nunca llego!

  5. Gracias por visitar nuestro rincón de libros. Allí los seguimos esperando con un buen café. Que la cacería libresca se perpetúe.

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