Chinomático

Harold García Rodríguez

Las palabras (y eso es algo que saben muy bien los filósofos y los lingüistas) se van creando en razón de la necesidad de precisar un concepto nuevo o un fenómeno que antes era insospechado. Así, por ejemplo, hoy tenemos cientos de palabras que se han hecho necesarias por las exigencias de la tecnología o porque las convulsiones del mundo necesitan vocablos igualmente convulsos. Por eso hoy chateamos o existen bloggers y hackers en la “red” o simplemente salimos a comprar el último blu ray o ipod, y otras tantas cosas. También utilizamos con el mayor desparpajo palabras que sorprenderían a un culto transeúnte del siglo XVI como terrorismo, globalización o narcotráfico. Todos neologismos que comprendemos y usamos diariamente. Pero hoy quiero hablarles de una palabra que probablemente sólo un bogotano use con cierta regularidad y del concepto que quizá sólo pueda ser entendido en el contexto de una ciudad latinoamericana.
Chinomático es un localismo sumamente particular, pues sólo en Colombia, que yo sepa, se le dice chinos a los niños y a los jóvenes en general. Un sustantivo genérico que en lontananza valía para establecer un cierto tipo de jerarquía: siempre eran los mayores los que le decían “chino” a uno, o eran las personas adineradas las que solicitaban cualquier intercambio lingüístico con la frase: “venga chino”. En fin, la palabra chinomático, se usa hoy para aludir a esos “chinos” que suplen algún proceso de un artilugio que debería ser por completo automático. Uno de los ejemplos más claros del concepto se encuentra en algunos estacionamientos de Bogotá. Al ingresar en el auto se oprime un botón que devuelve una tarjeta plastificada y de inmediato el brazo mecánico que impide el paso se levanta. Es de suponer que al salir la tarjeta se introduce en la máquina y el brazo mecánico se levantará de nueva cuenta, pero en su lugar la tarjeta debe ser entregada a uno de los chinomáticos quien la revisará y subirá (él con sus propios brazos) el brazo mecánico que impide la salida. En ocasiones, ese proceso vale tanto para salir como para ingresar, y uno se pregunta ingenuamente si las máquinas se habrán averiado.
Si tenemos en cuenta que la palabra “chino” precede, en general, a un requerimiento u obligación incómoda (“chino, vaya por la leche”, “chino, cómpreme unos cigarrillos” “chino, ¿por qué no se va a jugar a otra parte?”), no es de extrañar que “chinomático” haga referencia a trabajos igual de espinosos e incomprensibles en nuestra época. Pero el trabajo de chinomático más pintoresco que se puede encontrar en Bogotá es el de parapinos. Desde 1941 funciona en Bogotá la bolera San Francisco, icono de la vieja ciudad de lluvias interminables y poetas de cantina. Es la primera bolera de Suramérica, célebre porque allí se fundó la liga de Bogotá y porque allí jugaron varios expresidentes. Sin embargo, es célebre también porque pese al tiempo nunca se automatizó, y detrás de los pinos caídos siempre hubo un chinomático que los levantaba y devolvía las bolas por el carril correspondiente. Durante las 14 horas que la bolera permanece en funcionamiento, los chinomáticos persisten en la disimulada misión de acomodar el juego de los demás. Con una rapidez pasmosa levantan los pinos y los adecúan en sus sitios, esperando con cierta incredulidad que el próximo lanzamiento se vaya por la canal. Es un trabajo aburrido, pero ¿alguien tiene que hacerlo? Tal vez no. De cualquier forma, los chinomáticos de la bolera devuelven un poco del tiempo perdido a esta ciudad, aunque ellos trabajen quizá para comprar algún artefacto de moda.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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3 respuestas a Chinomático

  1. Anónimo dijo:

    ¡Que gusto leer a Harold! muy muy bien!

  2. Alexander dijo:

    jugar en esa pista debe ser lo más parecido a jugar en Rocadura. Valdría la pena conseguir el sombrero de Bisonte…

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