Las aventuras de la Señorita Burca, hoy: « Los dientes enemigos »


Guille

Una noche, en una de las ciudades más lindas del mundo…
En un escondido restaurant árabe de banlieu, el Doctor Kebab planea tomar París con una nueva invención genial: El control de la dentadura de cada ciudadano. Con sus manitos de carne desarmada amontona los planos, las direcciones, las formulas que se repiten en cada papel.

La maquina se parecía a una tostadora gigante, roja y con dos manivelas que los empleados de Mister Kebab accionarían llegado el momento.
Ya llegó el momento: La tostadora comenzó a vibrar lanzando rayos ultravioletas a todas las dentaduras de París, que en pocos segundos quedaron a merced de los mandados de Mister Kebab. La gente abría y cerraba la boca sin saber por qué, dibujando los gestos más increíbles. Era como si un ejército de sordomudos invadiera la capital. Todos fueron dirigidos hacia un campo en las afueras, tirados de las bocas o más precisamente de los dientes.
Las muelas estaban luminosas como un gramo de sol y los colmillos de un rojo asesino ¡Eran todos del ejercito de Mister Kebab!
¡Es una tarea para la Señorita Burca! Hubieran gritado, pero sus bocas eran del enemigo. Y la señorita Burca no aparecía en el horizonte como solía hacerlo.
Estaban organizados en un ejército cuadrado, iluminados por dos grandes bolas de carne que flotaban sobre ellos. Al frente había un escenario en el que apareció vestido con una capa roja el Doctor Kebab, escoltado por conejos también vestidos de rojo, cada uno con una escopeta a la que se aferraba ciegamente.
En medio de dos betas de carne dorada apareció una boca que se abrió como un embudo, estaba a punto de dar la arenga revolucionaria…Cuando en el fondo de la noche, entre las bolas de carne y las estrellas apareció una Burca azul. Los rifles de los conejos empezaron a disparar al aire, sus ojos violetas tenían mala puntería, por suerte para la heroína. Las balas cruzaban haciendo un chiflido amistoso a la poderosa tela que se mantenía en el cielo dispuesta a desarmar otra vez a su enemigo.
Un ruido aun mayor que la batalla resonó en el fondo del cielo que se abrió como una cascara negra y apareció la cara gigante del diablo. Todos contra la señorita Burca: Su archienemigo Mister Kebab y su ejército, el diablo y millones de dientes luminosos.
Una garra del diablo quiso arrojarse contra la burca pero la tela se levantó y salió una bazuca que disparó un misil certero. Dio en una uña que se separó en dos y cayó, cortando varios cuerpos.
De la burca mágica salieron muchos brazos que se estiraron hasta agarrar el cuello del diablo y comenzó a sacudirlo. El Señor Kebab apretó un botón y salieron volando millones de dientes que se clavaron en la tela de la que brotaron perlas azules. El Diablo intentaba defenderse, pero las poderosas manos de la señorita Burca lo tenían sin oxigeno. Se fue achicando hasta que quedó como un muñeco en la palma de una de las manos y fue aplastado como un insecto. El cielo volvió a cerrarse.
En el centro del terreno estaban ahora el doctor Kebab y la señorita Burca. Millones de bocas los rodeaban y todas se arrojaron contra la heroína que alcanzó a saltar y disparar con los ojos un rayo ultravioleta directo a la mano derecha de su enemigo, y el control remoto de la máquina voló por los aires. Un segundo rayó lo desintegro y cada uno recuperó el poder de sus bocas. El doctor Kebab comenzó a girar como un trompo, tomó la forma de cono inclinado que fue perforando la tierra.
En pocos minutos estaba escondido nuevamente en su laboratorio, planeando otro ataque.
La Señorita Burca voló hasta su departamento en el 14, se despojó de su atuendo y volvió a ser la secretaria que trabajaría el día siguiente, muy temprano.
Se dio una ducha rápida y con una pinza se sacó un pequeño colmillo que le había quedado clavado en la pierna.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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