Aprender el arte de vivir en año nuevo

Elisa Olivares
Después de cinco años tuve la oportunidad de volver a dedicar diez días a observarme. La primera vez que lo hice fue debido a una depresión que me secuestró en mi propia casa. Mi mente se volvió mi verdugo. Fui a terapias que me recomendaban no reprimir mis pensamientos, mientras que el psiquiatra me comentó que callaríamos esa mente rebelde con un “coctel” de medicamentos que iríamos adecuando de acuerdo a mi respuesta, me sentí perdida. El coctel no lo tomé pero sí tomé el consejo de un amigo que me habló de Vipassana, un curso de meditación de diez días en silencio. Así que me senté a observar durante diez días y aprendí los principios para lidiar con mi pensamiento autodestructivo.

Para empezar este año decidí sentarme a observar. El gong suena y a partir de ese momento empieza el silencio. Mujeres y hombres somos segregados y se asignan los lugares en la sala de meditación. El lugar en el que durante los diez siguientes días me sentaré a observar meticulosamente mis sensaciones físicas para comprender la relación entre cuerpo y mente.

Los primeros días mi mente se resiste, no dejo de moverme, mi cuerpo está incomodo y muchas emociones suben a la superficie, los pensamientos gritan. Después todo empieza a ceder. Mis movimientos disminuyen, imágenes y memorias aparecen y desaparecen, los pensamientos bajan de intensidad y comienzo a desarrollar una observación objetiva de las sensaciones de mi cuerpo.

Oigo el zumbido de un mosquito que se posa en mi brazo, estamos en hora de “Firme determinación” así que no moveré ni brazos ni piernas durante una hora. Siento cómo el mosquito me inserta su probóscide, succiona mi sangre, la saca y su veneno inicia una irritación en mi piel. El mosquito me deja y seguramente busca a otro meditador, está en un lugar seguro, nadie se moverá y nadie lo matará, hemos prometido no matar a ningún ser vivo durante los 10 días del curso.

Desde que fui a Vipassana no me he vuelto a deprimir. Paulatinamente aprendí a manejar mis pensamientos destructivos, ahora no los reprimo, pero tampoco me dañan, sólo los observo y poco a poco se van callando. Con la práctica constante de la meditación aprendemos a ser felices. Vipassana enseña a vivir en el aquí y el ahora, enseña el arte de vivir.

http://www.dhamma.org/

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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