LA SONRISA DE WILLIAM

LB
Una noche de diciembre, tercera semana del mes doce, 7:00pm, estoy en Carlos E. Restrepo, el barrio en que vivo hace mas de 13 años y del cual no creo que salga fácilmente al menos mientras viva en esta ciudad.

Estábamos de fiesta, nada en especial, solo que es diciembre, a los paisas –nacidos en el Departamento de Antioquia del cual Medellín es su ciudad capital- nos gusta juntarnos en diciembre a brindar por que es diciembre. En Carlos E. Restrepo hay un parque donde cada noche hay decenas de grupos, jóvenes la mayoría, brindando y fumando, esta cita se da todas las noches del año. Vi pasar a William, hace por lo menos 5 años fue la última vez que lo vi, en ese entonces ya ni nos saludábamos, había perdido todos los dientes, su olor era penetrante, su delgadez inadmisible. Ya no hacia grillos de hoja palma, solo pedía plata para poder comprar unos minutos de delirio. Yo le compré muchos grillos para Sofía, acompañaban las barbies de su habitación.

Esa noche de natilla en las mesas y alumbrados en los balcones,–aunque en Carlos E. casi no se ponen lucecitas de navidad en las ventanas y balcones de los apartamentos, presumo que la mayoría de los vivientes son profesores de universidades, que se creen demasiado académicos, y tontamente señalan con desdén el adorno innecesario y sin sentido que padecen muchos barrios de la ciudad en estas fechas, por mi parte yo puse esta navidad 5 instalaciones en mis ventanas todas de colores diferentes y con juego de luces que prendían a distinto ritmo según la melodía- William se me acercó lentamente, yo lo reconocí de inmediato, tenía un sonrisa que le permitía lucir más de una docena de dientes blancos y grandes, vestía todo de negro, camisa por dentro y correa, tuvimos un encuentro de casi una hora, nos tomamos una cerveza, yo no me aguante abrazarlo, recordamos cuando nos conocimos, en el mismo parque, el recién llegaba de Bogotá, huyendo de su familia dejo la Universidad, en Medellín tampoco se entendió con el esposo de su hermana, aprendió a hacer unos grillos muy lindos que vendía para pagar el cuarto y la comida, que pronto dejo de hacer, también de comer y por supuesto su cuarto se convirtió cualquier esquina de esta ciudad. En el oficio del rebusque se conoce mucha gente que todos los días busca otra realidad en la alucinación.

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Medellín. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s