400 golpes desde el tejado

9 de diciembre, jueves en la noche, 7:00pm para ser exactos, cerca a la Línea del Ecuador no hay estaciones, todos los días del año a las 7:00pm son las 7 de la noche. Todos. 24 grados centígrados de temperatura, Santa Fe de Antioquia, Valle del rio Cauca, o como lo dicen los lugareños, lugar donde se besa el Tonusco con el Cauca.

Segundo día del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia, lindo pueblo colonial, -los santafereños insisten en nombrarla ciudad-; donde el tamarindo crece como deliciosa maleza, y aun quedan un par de hombres que se dedican al paciente oficio de la filigrana. Bellas joyas en oro que no sé quién pueda pagar por estos días.

Este año el Festival propuso revisar(?) la Nueva Ola Francesa, invitado principal Truffaut. Imagen del Festival, una foto tras las rejas del adolescente Antoine Doinel, luego de ser entregado a la policía por sus padres. La cita tenía lugar en el final de una calle sin continuidad del barrio San Judas, que ni colonial ni bonito es uno más de esos barrios de borde, donde los pueblos crece como lo hacen las ciudades en su periferia, desde la inevitable anarquía de la auto-construcción o a través de programas de vivienda de interés social para los más pobres, a cargo del estado; en ambos casos la precariedad es demoledora. Esta noche Truffaut no solo estaría en las lindas plazas enmarcadas de ordenada arquitectura traída por los Españoles, también ocuparía espacios no planeados, simplemente ocupados desde un instinto vital: el resguardo, y que como parte de su acción, también al igual que los otros, los que hacemos los urbanistas; dejan espacios vacios de calles y callejones en los que siempre pueden pasar muchas cosas. Gran fortuna esta noche para quienes estábamos ahí, en ese escueto callejón contenido por medianerías de modestas casas en ladrillo. La programación proponía ver Les Quatre Cents Coups, -obviamente el titulo estaba en español pues acá ni los lugareños ni los visitantes del Festival sabemos francés-, en sillas plásticas sobre un irregular asfalto. Los niños del barrio ocupaban las primeras filas, ubicación que no garantizó que perdieran el interés al paso de los primeros 10 minutos. Los grandes, entre turistas –visitantes del Festival, la mayoría de Medellín pues separa a las dos ciudades tan solo 45 minutos contados desde Robledo- y unos poco lugareños, ocupábamos las sillas de plástico, en las que después de uno tragarse 2 conferencias y 4 películas en un mismo día no se quiere volver a posar el sentadero. Allí estábamos, los visitantes emocionados, al menos yo y mi compañera de viaje, que poco vimos la peli por no separar la vista de un grupo de 8 chiquillos quienes acostados sobre las tejas de lata de zinc de una modesta casita, fueron seguidores fieles de toda la historia. Me pregunté durante toda la peli, cuántos de estos y también de los que perdieron el interés pronto y prefirieron hacer una fogata que comenzaba a tomar dimensiones preocupantes, eran también Doinel.

Luisa Botero

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Medellín. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s