Visita al pueblo troglodita

 

Los domingos son europeos, grises con lluvia, o con este sol del desierto: Hay que llenar el tiempo muerto con fenómenos meteorológicos. Todos los domingos aquí son de mucho sol, como uno no trabaja, lo nota aun más.

Como el domingo pasado. Estaba con mi amigo Joaquín y después de desayunar decidimos ir a una excursión al pueblo de los “trogloditas”.

Es a pocos kilómetros del Cairo: Una ciudad donde los habitantes, desde tiempos inmemoriales han construido sus hogares bajo la tierra.

Cuando ya estábamos cerca, alquilamos unos camellos.

Hago un paréntesis para decir que no hay nada en el mundo que se parezca al olor de camello, ese olor que conocí aquí en el Cairo. Es un olor agrio que no se compara con el olor de ningún hombre ni ningún animal. A veces muchos días después de haber montado en camello siento aun ese olor en mis dedos o en la ropa que ya ha sido lavada. No hay ningún perfume en el mundo que tenga la personalidad de esta transpiración, me gusta.

Recorrimos dos kilómetros hasta llegar al pueblo troglodita. En principio, no hay nada detrás del cartel, solamente continua el desierto, pero avanzando unos metros comienza a descubrirse el secreto de este pueblo, el encanto que lo hace tan famoso. Los huecos son de unos seis metros de ancho, redondos, y al centro hay un cactus. Hay cuatro o cinco cuevas que representan el comedor, un pasillo hacia otras cuevas que son las habitaciones, una cocina y un living.

En la cocina hay otro hueco más, que esta lleno de leña. Entramos a una casa y Joaquín que habla un poco de su lengua ( el “berbere”) se comunica con ellos. Nos sentamos al lado del fuego donde están haciendo un pan muy delgado, arrollado a una piedra plana. Es muy rico.

Le pido a Joaquín que traduzca: ¿De qué viven? De los turistas! ¿No tienen otro trabajo? No, los turistas vienen y dejan dinero, hacen fotos..Nosotros no hacemos fotos, dibujamos todo. En la pared, que es de tierra dura, hay una soga de la que cuelgan cuchillos, cucharas y una especie de sartén sin bordes.

Dejamos cincuenta dolares y vamos a otra casa. Encontramos un joven de unos veinte años, de grandes ojos verdes, moreno. Está vestido todo de blanco. Él es artesano, nos muestra los utensilos que hace con un material que parece cobre: Son muy buenos. Compramos dos cucharas para decorar la casa. Hay como un reloj de arena pero hecho con piedritas, por supuesto el tiempo pasa más lentamente, a veces se traba…El chico de los ojos verdes nos dice que vive con su familia y con la familia de su hermano. Nos muestra las cuevas que sirven de habitaciones, son muy frescas. De hecho este sistema de huecos es una estrategia para huir del calor, y del frio en las noches. Y es muy eficaz. Las capas de arenas son aislantes muy efectivas porque entre los granos de arena, hay oxigeno… Esto nos explica el artesano. ¿No hay insectos? No. Seguramente los mata el calor. A veces hay serpientes que duermen en la arena, pero no son venenosas. Unas azules, con los ojos amarillos…Joaquín no sabe traducir el nombre de la especie. Miden un metro más o menos y son muy gruesas. Dejan unos huevos que se pueden comer, pero el artesano dice que nunca los ha probado.

¿Y qué comen los trogloditas? (no sé porqué siento que es despectivo llamarlos así, pero es el nombre que le dan aquí) Compran provisiones en El Cairo y las cocinan ahí, como hemos visto.

Vimos muchas casas, en todas dejamos algo de dinero o compramos algún objeto (muchos de ellos son artesanos). Los chicos van a la escuela caminando, al Cairo, a dos Kilómetros. Los otros niños se ríen de ellos porque viven en la tierra y porque su ropa es mucho más rudimentaria. Por eso los llaman “berbere” “barbaros”. Aunque en Argentina si a un grupo humano los llamáramos “los barbaros” seria más bien positivo. Pero no es el caso: El desprecio de los locales por los trogloditas es real. Solamente los turistas son simpáticos con ellos.

Físicamente son muy diferentes de los habitantes del Cairo: Son más morenos y tienen la cara ancha, con los ojos bien separados (como Cortázar) y la nariz pequeña, redonda. Los hombres llevan barba y a las mujeres se les ve los ojos solamente, pero se les nota que son hermosas. Los hombres también son bellos. Son bellezas diferentes, no sé como pueden compartir. Ellos son rudos, duros, fuertes. Ellas son delgadas, delicadas. Casi el prototipo del ying y el yang, pero en las sociedades actuales no funciona así. ¿Son los trogloditas una sociedad actual? No, no lo son. Son seres del desierto, del pasado, de la arena. Pero no van a desaparecer, al menos por mucho tiempo. Están comunicados con el presente a través de esa modesta aventura moderna, el turismo.

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Visita al pueblo troglodita

  1. Aletz dijo:

    Niñi egipcio -Mamá, voy a dormir en casa de un amigo esta noche.
    Mamá – Está bien m’ijo. Deme su télefono.
    Niño – Es que voy con los trogloditas má.
    Mamá -Ah bueno, no más no se duerman muy noche.
    Genial! Me encantó el texto!

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