Guanábano para el cáncer

Luisa Botero
Anoche estuve en el Guanábano, pero ¿Qué es el Guanábano?, ahí les va:
Es un árbol que da un fruto que se llama guanábana, a mi me encanta la guanábana, verde por fuera, de textura abultada y rugosa, la cascara no se come, aunque les digan lo contrario definitivamente no. Por dentro es el cielo, motas de algodón blanco y muy suave, cada una con su pepa, yo las guardo pensando que cuando tenga una manga la llenaré de guanábanos, ahora dicen que es buena hasta para el cáncer. Cuando tenga mi manga llena de guanábanos y coma guanábana todo el día, fumaré más tranquila.
Pero no estuve encaramada en un guanábano, no, estuve en el bar El Guanábano que está en el Parque del Guanábano, que realmente se llama es el Parque del Periodista, entre recuerdos y especulación por asociación, creo que en ese parque había un guanábano, del cual tomó su nombre el bar, y la referencia para nombrar de manera espontanea al parque. Lástima que el señor, y presumo que fue un hombre porque aquí los hombres son conquistadores por naturaleza y el que conquista un territorio es el que lo nombra, que le colocó el nombre oficial Parque del Periodista no sabía lo buena que era la guanábana para el cáncer.
El Guanábano, bar ubicado en el centro de Medellín, frente al Parque del Periodista, a una cuadra del Centro Colombo Americano, el único lugar donde se ve cine, bueno, cine diferente a las comedias tipo Jennifer Aniston – la reina de las comedias románticas, o es Sandra Bullock? tengo que aclarar esta duda con un amigo experto en reinados – y sagas eternas, que paradójicamente de las sesentaiuna salas que tiene Medellín, sin contar las de porno que no llegan a diez, es en la Americana donde menos cine (norte) americano se ve. El guanábano, tanto el parque como el bar, están en la mitad de dos cuadras de interesante movida para los ciudadanos menos alineados, e inquietante para las autoridades, mojigatos y defensores de las buenas costumbres (¿buenas para quién?), dos cuadras donde se reúnen el tango, el mismo que acompañó según cuenta la leyenda, a Manuel Mejía Vallejo cuando escribía, también la salsa, el cine, el rock, la mata verde, punketos con crestas enormes en multicolor que me producen una envidia enorme, -¿cómo un hombre de 20 años pueda peinarse tan lindo?- hippies cargados de incienso, adolecentes embriagados a punta de tres pachangas, un vino embasado en garrafas de plástico que todos bebimos en los tiempos del colegio – era para lo único que alcanzaba la mesada -, pero también muchos adultos, o sea mayores de 26 años, que nunca han encontrado un lugar tan propio como el centro del centro; estos son lo que más me inquietan los que no están allí de paso, para quienes el lugar no es uno más del repertorio de la movida alternativa de la ciudad que se frecuenta con orgullo por que al menos una vez cada 15 días quedó fuera de los planes de la noche, los lugares de moda, esos que salen en las paginas sociales de las revistas, llenos de “gente linda” dicen algunos.
Sentada en la barra del Guanábano, una chica a mi derecha linda y sonriente, más joven que yo pero adulta de todos modos, me empezó a conversar, hola que mas, venís mucho por estos lados?…, a mi izquierda un hombre delgado, canoso, en esa edad en que no se es un adulto medio joven pero tampoco se es viejo, aquí se le dice la edad interesante, seguía con su cabeza las descargas de guitarra eléctrica de ese buen rock de los setenta. Los tres terminamos en una sola conversación, que porque mejor este lugar y no otros más tranquilos?, preguntaba Bibi, Pine y yo nos acordamos de Líbido, un bar de remate de fiesta, se entra de noche y se sale de día, ubicado detrás de un cementerio en un barrio habitado por historias de amor de 20 minutos que no cuestan más de diez mil pesos, Pine decía que eso si era voltajudo, que uno allá creía que si lo mandaban a dormir uno ni veía quien había sido. Yo recordé inmediatamente a Ruiz, un amigo escritor, quien sin asomo de duda engruesa las filas del adulto mayor en Colombia, que me dijo un par de semanas atrás que la mayor dignidad era morir de repente estando parado y aliviado, conversando, bailando y brindando con los amigos, y sin esperarlo Plop! caer redondo como un sapo. Lástima que ya cerraron a Libido, bueno lo trasladaron a un barrio de gente de bien, ya piden cedula a la entrada y esta mas iluminado que un pesebre. Pero no crean, Pine exageraba, sueño le da a la gente en cualquier parte.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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