El dueño de mis quincenas

Orfa Alarcón

-Qué bárbaro, Pepe, ya eres el dueño de mis quincenas.
Nomás se chiveó y se rió.
-Pues es que, ya cada vez tengo menos espacio para estacionar coches.
La conversación giraba en torno al dinero que yo le pagaría por estacionarme el carro, “echarle un ojito” durante el día, y lavármelo de vez en cuando.
Los viene-vienes, o franeleros, generan un sentimiento de amor-odio colectivo. Mientras nos choca que acaparen toda la calle, les agradecemos infinitamente que nos guarden un pedacito para estacionarnos. A esta ciudad le faltan estacionamientos, los que hay jamás se dan abasto, por eso encontrar un viene-viene de confianza es todo un reto. Y un alivio, de pagar casi 20 dólares diarios por estacionar el carro, a Pepe comencé a pagarle sólo 20 pesos mexicanos.
Pero cuando me quiso aumentar la tarifa de 20 a 30, ahí sí ya no me gustó.
-Ah, chingá, chingá. Y luego por un pedazo de calle que ni es tuyo. Dijeras que vas a poner mi carro en un lugar techado, adentro de un portón…

Ya que el único estacionamiento seguro en esta ciudad es ese que se hace en la calle entre las 6 y las casi 9 de la noche (y digo “seguro” no en el sentido de protección, sino de ineludible) son tan necesarios los viene-viene.
Se les dice así porque cuando uno está estacionándose, ellos dicen:
-Viene, viene… -para indicar que uno puede seguir dándole en la misma dirección.
Yo los divido en “egresados del reclusorio”, y “buena ondita”. A los egresados del reclusorio” (no porque me conste nada respecto a sus antecedentes penales, si es que los tienen) uno sabe que no puede quedarles a deber ni un peso, porque le rayan el carro, o le dan un cristalazo para robarle el celular o el iPod o cualquier cosa que se haya quedado dentro olvidada. Los “buena ondita” son a los que uno les deja hasta las llaves del carro, y no importa qué se haya quedado dentro del auto, nunca faltará ni un peso, ni un disco, ni un celular ni nada. Es más, si uno va por su auto y descubre al viene-viene buena ondita oyendo el partido de futbol en el radio, muy sentado y muy feliz en el asiento del conductor, uno ni se enoja.
Pepe es de los buena ondita, le dejaba yo las llaves de mi vehículo y por las tardes él se las dejaba al policía de mi trabajo. Como quiera, a veces me ponía a pensar, “¿Y qué tal si un día Pepe se harta de esta vida, agarra las llaves de todas las camionetas, se trae a sus amigos, y les dice: -Órale, una pa’ cada quien, y se van y no los volvemos a ver nunca?”
A Pepe no lo volví a ver. Lo dejé por otro. Ahora salgo del trabajo y ya está mi auto estacionado enfrente. Yo misma le echo el ojito de vez en cuando. No vaya a ser.

@Orfa

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