Domingo, 8:00pm Parque de Bolívar, centro de Medellín, o Mirarse en el espejo.

Luisa Botero.

En toda ciudad colombiana que se respete o pretenda hacerse respetar tiene que existir un parque, plaza, plazuela, esquina, calle o tan siquiera callejón, cuyo nombre honre a nuestro más grande Prócer de la Independencia (lo siento Mi Simón Bolívar* pero no me resisto hacer la pregunta: ¿Cuál Independencia?), gran protagonista en este año de celebración por el Bicentenario de tal efeméride para Colombia.

Alguna vez escuché sobre el significado que tienen las estatuas de los héroes según la posición de las patas del caballo (en esta ciudad que prohibieron las zorras* , no me imagino cómo nos contaran la manera en que murieron los héroes que las montan, quienes (sobre)viven de un salario mínimo y levantado a punta de rebusque, que no es lo mismo); dice el código: si tiene las dos patas levantadas, el héroe murió en combate; si tiene una pata levantada murió por heridas ocasionadas en el combate; y si no tiene ninguna pata levantada el héroe murió por causas naturales. La estatua de nuestro libertador, al menos la que acompaña a Dany cada domingo en el parque de Bolívar, muestra un caballo firme con sus 4 extremidades posadas sobre el pedestal. Tengo la ilusión de que las cientos de estatuas del prócer que hay por todo el país, cuenten de muchas maneras la historia de su muerte; si algún día me vuelvo extravagante me mandaré a hacer una estatua de Bolívar para poner en mi sala, cuyo caballo tendrá tres patas levantadas.

Responde Dany, la más fiel compañera de Bolívar cada noche de domingo, a la pregunta sobre cómo se imagina el rito de su muerte: “Cuando muera de plomonía, quiero que me velen en un ataúd blanco en el Parque de Bolívar”, y a la de quién es, dijo alguna vez: “Yo no soy ni marica, ni hombre, ni lesbiana, yo soy un personaje no más…en mí sólo hay una persona que es Fernando Montoya, él ya se murió, pero todavía lo quiero…”. Si le hiciéramos una estatua a Dany para que acompañe a nuestro prócer, iría montada no sobre un caballo, sino en un pegaso sin rosar el suelo; porque si quien muere de plomonía, y no hace parte del combate, al menos de ese infame combate que defiende dogmas morales, culturales y estéticos, instalados como verdades unívocas, como únicos dispositivos validos para construir realidad; sino que por el contario es quien, ante un público conformado por esos que llaman gente de a pie* , recrea cada domingo una historia de teatro callejero, que ya los curadores de arte y los que no también llamamos performance, construye y personifica una docena de personajes, todos ella solita en una sola noche, personajes en los cuales confluye la dicha y desdicha de ser mujer, hombre, madre, joven, ladrón, puta, cura y marica, en Colombia, logrando narrar lo que no es fácilmente enunciable: los sueños, miserias, ilusiones y desilusiones; si Dany, quien logra concretar eso en su performance muere un día de plomonía, habrá que velarla en un ataúd de flores blancas y hacerle una estatua vestida de novia, montada en un caballo alado en multicolor: morado, rojo, amarillo, negro, dorado y de todos los colores conocidos y por conocer.

Es domingo 22 de noviembre, año 2010, van siendo las 8:00pm, Dany llegó a las 8 menos 20, justo cuando acaba la misa de la Basílica Metropolitana, la iglesia más grande de esta ciudad, cuyo atrio es la silletería con entrada gratis para asistir a su presentación; Fernando vive a tan solo 3 cuadras de la iglesia, en una de esas calles en las que de noche no hay que pasar corriendo, lo que hay es no pasar si a uno no lo conocen en la cuadra; la acompañan 4 maletas cargadas de vestuario, -una tercera parte deben ser vestidos de novia-, además de peluches, tiestos viejos, y toda la indumentaria para contarnos al menos 3 historias, y conmovernos desde la risa, la impotencia, el sin sabor, la burla y la compasión con la decena de personajes que (re)conoceremos esta noche.

*Mi Simón Bolívar, libro de Fernando Gonzales, considerado el poeta más creativo que ha tenido Colombia
*Carroza en madera tirada por un caballo que generalmente esta tan mal alimentado como quien tira de el.
*Gente común

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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