La Mendiga

Guille

Paso todos los lunes a la misma hora por el mismo lugar (19 h conexión linea 12 de la estación Saint-Lazare).
Cada lunes veo una señora desesperada, pidiendo monedas al borde de las lágrimas. En el mismo lugar exacto: a veinte metros del pasillo principal, arrodillada cerca de las escaleras.
El miercoles pasado me acerqué a ella y le propuse un café. Me inspeccionó largamente, sin dejar de extender los brazos hacia mí.
Finalmente aceptó ir a conversar al café de enfrente. Recién subiendo las escaleras le ví la cara, es mucho mas joven de lo que yo había creído, apenas una adolescente. Se esconde con un pañuelo verde, y tiene los ojos claros, la nariz bien recta y la boca pequeñita, una rallita de un color pálido.
Me parece que todos nos miran, como si fuéramos una pareja de circo. Algunos pensaran que me llevo a la chica con alguna proposición indecorosa.
En realidad es solamente la curiosidad lo que nos ha traído hasta aquí: Una mesa del bar Marco-Polo, con un grabador al medio.
Se llama Amira. No quiere tomar nada, yo me pido un café y trato de que se sienta mas tranquila, porque mira alrededor con desconfianza, abrazando su cartera marrón.
Voy a traducir todas las respuestas a un español comprensible, aunque en la versión original están en un francés muy particular, que no puedo reproducir. Ejemplo: «« Maisons-Alfort, beaucoup frères, mére, petite maison. »

¿Dónde vive?

Maisons-Alfort. Con mis hermanos y mi madre. En un departamento muy pequeño. Vinimos con mi papa, pero a él lo chocó un tren y nos quedamos solos. Mis hermanos y yo. Sin nada. No sabemos que hacer. No tenemos dinero para volver a Egipto con nuestra familia. No tenemos dinero para pagar el alquiler ni para comer. Mi madre y todos mis hermanos pedimos monedas en la calle. Perdimos un hermano, hace un año y no sabemos nada de él.

¿Cuantos hermanos son?

Cuatro. Ahora tres.

¿Cómo ha sido el accidente de su padre?

Estaba cruzando las vías y lo chocó un tren. Nos devolvieron su reloj pero no vimos su cuerpo.

¿Qué hacían en Egipto?

Mi padre era albañil, antes de venir a Francia. Vivíamos con mi abuela, que a veces vemos con la web cam y algunos primos.

¿Usted va a la escuela?

No.

-¿Cuantos años tiene?

Diecisiete.

-¿Hay algo que le guste en particular, dibujar, cocinar, tejer?

Cocinar. Siempre cocino para mis hermanos y mi madre.

¿Tienen ayudas del gobierno?

No. Ninguna. Mi madre ha presentado las carpetas pero no le dan nada. Nadie nos ayuda.

– ¿Qué le gustaría hacer en el futuro?

Me gustaría volver a Egipto con toda mi familia. Casarme, tener un hijo.

-¿Cuándo empezó a pedir monedas en el metro?

Cuando murió mi papá. Primero empezó mi madre, después todos los hermanos. No es nada lindo. A veces paso horas sin que nadie me dé nada. Por lo menos ahora la policía no me corre.

La grabación se extiende una media hora más. Me cuenta algunas cosas intimas, un aborto de su madre, que duermen todos juntos en el salón y su hermano mas grande en un colchón en la cocina. Vuelve a repetir que nadie los ayuda. Rechazo todo quijotismo. Casi no intento ayudarla mas allá de darle treinta euros para agradecerle por haber respondido a mis preguntas.
Cuando nos separamos me siento muy mal. No sé en que momento histórico aparecieron los mendigos. Vuelvo a casa lleno de contradicciones.

Nunca, nunca compro esas « raspaditas » en las que coincidiendo tres manzanas, tres monedas o tres chanchitos se gana un premio. Ayer me levanté pensando en Amira. Por alguna razón compré uno de esos juegos y las tres manzanas coincidieron, gané cien euros. No tiene relación una cosa con la otra. Tengo que ir a buscar el premio la semana próxima.
Llamé al número que borroneó Amira en una servilleta: Numero equivocado.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en París y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La Mendiga

  1. Aletz dijo:

    Chapeau!! Estos escritores argentinos se traen algo con los clochards de París…

  2. Angèle dijo:

    Excellent texte!! Un régard très intéressant sur la situation des immigrés à Paris.

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