Se habla golpeado

Orfa Alarcón. Twitter/Orfa

A esta pluri multi gigantéstica ciudad vine a caer yo, regia. Aquí hay que aprenderlo todo de nuevo: andar por las calles, dar con buenos lugares para comer, hacer las compras, manejar, relacionarse con la gente, hablar… Aquí todo el discurso se va en disculpas y perdones, en “con permisito” y “provechito”. Palabras dichas no por su significado, sino por costumbre. Justo la semana pasada al abrir la puerta de un taxi para abordarlo, una lugareña me empujó diciéndome:

–Perdón, eh.

El asunto terminó en que al parecer la rasguñé (más porque no permito que me toquen los desconocidos, que por el taxi), y la tipa se fue.

Como a la tierra que fueres, haz lo que vieres, el primer año intenté imitar los modos defeños:

–Hola, ¿cómo estás? Disculpa, de pura casualidad, ¿no tendrás tal reporte que me prestes tantito?

Pero eso de hablar pidiendo permiso y dando rodeos, a los norteños no se nos da, así que seguí hablando como siempre he hablado, aunque bajando el tono de mi voz porque luego la gente se ofendía.

Luego conocí a un muchacho, regiomontano también, y lo empecé a buscar mucho para reforzar mi acento. Nada me derrite más que un hombre con acento norteño; uno que no pide, sino que exige; uno que no se anda con “con permisito”, “perdón, eh”, sino que dice las cosas como son y como las quiere. De tanto que buscaba al muchachito ese terminamos casados.

Le llamo a mi abuelo por su cumpleaños, y me dice:

–Qué, mija, ¿todavía hablas golpea’o?

–Sí, oiga, cómo se me va a olvidar.

Cómo se me va a olvidar el habla que amo, el que estudié en la Facultad, el que escribo en mis novelas. Cómo se me va a olvidar si soy una ranchera de clóset: quisiera asomarme a la ventana y en lugar de ver tanto pinche edificio, ver una pradera y una vaca.

Hace cinco años que llegué a la ciudad de México, un México que no es el mismo que yo conocía como la palma de mi mano. Esta ciudad y yo ni nos queremos ni nos odiamos. Nos miramos de reojo con los ojillos entrecerrados, desconfiadas las dos. Ella me ha dado mucho, por algo no me he regresado. Yo a ella le regalo unos corridos salidos de mi stereo a todo volumen cuando voy conduciendo sola. Pa’ que oiga buena música.

 

Fotografía: Ben Zárate

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Archivo, Ciudad de México. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s